jueves, 31 de marzo de 2011

Spray To Forget

Las semanas en el colegio van pasando con un tiempo muy extraño. A veces creo que van muy rápido, otras veces pienso que van demasiado lento. Desde que me levanto todos los días como a las cinco y algo más, ando de mejor humor en el colegio, salvo cuando me da uno que otro ataque ridículo que estoy segura, con el tiempo, van a ir desapareciendo. Les mentiría si les digo que todo va absolutamente bien. Es más, puedo decir que con los días mi equilibrio emocional y mental va oscilando entre los dos extremos de la psiquis humana. Por un lado esta la increíble sensación de estudiar, aprender, reír mucho en el colegio y disfrutar sin límites de mi último año y en el otro lado está esa sensación espantosa cuando me voy a dormir y debajo de las sábanas, pienso si estará bien decirle a Dios por enésima vez en este año que por favor me golpee mientras duermo y me haga olvidar mis absurdos líos adolescentes.

Quizás yo me busqué mis propios problemas. Tienen razón, de todos modos, Samantha dijo que todos teníamos el derecho de cometer nuestros propios errores y hasta ahora, eso es lo que he hecho desde que tengo memoria.

No es tiempo de darle vueltas al asunto. Me reuní con Kiomi después de mucho tiempo para charlar en el Starbucks sobre la vida y demás, fue una conversación inspiradora de muchas horas y por fin pude probar esas galletas azucaradas y los famosos Frapuccinos (¿así se escribe?). A unos metros de nosotras, en una mesa al frente de la ventana, tres mujeres charlaban. Era la abuela, la madre y la nieta. No pude evitar escuchar de vez en cuando lo que decían, al parecer la más joven tenía un problema muy fatal y estuvo aguantándose las ganas de quebrarse todo el tiempo, hasta que vi que se echaba a llorar silenciosamente sin un límite fijo.

"Llora, hija mía, llora" dijo la abuela abrazándola "Las heridas solamente sanan cuando uno llora".

Si ese es el caso, eso explica porqué tengo tantos problemas en caminar sin darme tropezones de vez en cuando en pensamientos tristes. Hijos míos, hace mucho, puedo decir que hace ya un mes y algo más, que me estoy aguantándo esas ganas de romperme en pedacitos chiquitos y esperar a que alguien me recoja.

Me limito a levantar la cabeza, sonreír, echarme el cabello hacia atrás y caminar como si nada nunca, jamás, hubiera pasado. Qué estrategias las mías ¿No?

Voy a dar el discurso de graduación en el ICPNA, la entrevista y todo lo demás fuera una experiencia única. Ya colgaré fotos y todo lo demás, incluso van a ir personas de la Embajada Americana.

Por otro lado, las pesadillas desaparecen con una velocidad desagradable, pero por lo menos sé que algún día dejaré de soñar tan mal. Argh, todos estos son efectos secundarios de preocuparme (según la mayoría de mis cultas amistades) en huevadas.






Abrazos Bohemios,

Req.

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