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sábado, 16 de febrero de 2013

16 de Febrero



Nos volvemos eternos en el momento en que alguien nos recuerda, cuando alguien se sonríe y dice que nos quiso y nos extraña, que quisiera que estuviéramos ahí, cuando guardan nuestra fotografía y nuestros gestos en el lado izquierdo del pecho. Cuando alguien cercano se va y es recordado, se vuelve eterno.
Hoy es un día muy triste para muchas personas que conozco, creo que para todos en general, por más ajenos que parezcamos al tema.
Un amigo que es amado, nunca se va.






jueves, 17 de enero de 2013

Día 1: Continuación

Caminábamos por la plaza principal cuando vi un edificio descomunalmente grande. Había sido un hotel muy famoso en su tiempo hasta que descubrieron que su estructura estaba chueca y la tierra se lo estaba tragando de a pocos. Le tomé unas cuantas fotografías y pasamos por la iglesia, donde un grupo de mujeres encendía velas en nombre de un sacerdote polémico y antes que me diera cuenta, mi padre hablaba frente a cámaras sobre la actualidad.
Típico de los viajes y de mis malos hábitos, tuve un romance telepático con un hombre sentado en la mesa de al lado durante la cena  y esta historia acabó cuando pagó su cuenta, prendió un cigarro y después de mirarme, desapareció por la ciudad en donde se respira aire caliente.
Dije que esta no es una ciudad alegre, pero no me imagino a nadie profundamente triste viviendo en un lugar como este. No es como Lima, la ciudad de la nostalgia, de lo visceral, la esperanza agridulce que cae en ilusión y a veces de los buenos sueños. Cualquiera puede morirse de pena en Lima, pero aquí no comprendo  qué es lo que sucede. Arrastré mi estela gris de greñas y reflexiones hasta este punto verde del país y de repente todo se desvanece, como si estar triste fuera incompatible con el espíritu de esta pequeña ciudad. 
No sé si culpar al desequilibrio químico o es que aquí hay algo que de verdad no comprendo. ¿Qué es? 
¿Podré quedarme con esta sensación de paz como recuerdo? ¿Regresaré a Lima y de repente, todo estará mejor?
Le escribo a mi querida Azul diciéndole que ella amaría este sitio, los paseos por el río Amazonas, las tribus  en medio del agua, los bares nocturnos y los precios bajos de alcohol de buena calidad. Tampoco me faltan fuerzas para relatar a Rein todas las cosas increíbles que he visto en tan solo un día. ¿Será cierto? 
¿Será que este lugar está devorando todo lo que traje de casa?



B. 


martes, 8 de enero de 2013

4 años.

Hace exactamente 4 años, un irónicamente soleado 8 de Enero como es el día de hoy, comencé este blog escribiendo un esperpento que en ese momento yo consideraba un artículo sobre las Barbies y la anorexia, inspirada en los días anteriores, cuando me había puesto a jugar a las muñecas con la hermana de una amiga a quien ya no contacto. Todo esto impulsado por la resaca que me dejó haber leído Abzurdah de Cielo Latini. Me guardo mis comentarios sobre el libro porque no es el momento de discutir aquello. 
En fin. Ya han sido cuatro largos años de venir a vomitar continuamente sobre el teclado y escribir y escribir. ¿Salió algo bueno, algo malo, algún otro esperpento o algo que haya valido la pena? No sé. 
Sea cual sea el resultado, gracias a este blog he conocido a personas muy importantes y que ahora son grandes amistades, así que aunque medio mundo deteste esta página llena de confesiones, historias, sueños y críticas, gracias a este blog he ganado algo más valioso y es la amistad. Aquí fue que conocí a Hernan, a Daniel, que pude seguir los pasos cuando Sarah se perdió en el mundo de la preparación universitaria, a Oz, mi querida Trilce, Vero, Penny Lane, entre otras personas. Conocí a blogueros maravillosos como Magnolia y Alexander y en fin. Ya son cuatro años. Cuatro años, caray. 
Aunque el año pasado consideré varias veces dejar de escribir en este sitio y dedicarme a los cuadernos en el aislamiento total de la biblioteca, asumo que no puedo. 2013 y hasta ahora no puedo despegarme de esta clase de pseudo-diario que me ayuda a recordar muchas cosas que por un momento pensé se quedarían estancadas en el olvido. 
Cuatro años de noche de cristal, apaleada, resucitada, golpeada, coja o radiante, no lo sé. 
Pero fueron/son cuatro años de noche de cristal. 


B. 

PD: Siempre tuve el deseo secreto de saber quiénes son los anónimos que me mandaban mensajes durante todo el año. Aún lo tengo.

martes, 25 de diciembre de 2012

Carencia



Se fue.
Pasan tantas cosas que no entiendo por qué llegaron.
Pero esto sí debió de pasar.
Por qué se fue.
No era el momento.

sábado, 15 de diciembre de 2012

10:40


 
-¡Hola! [...] ¿Qué le pasó a tu collar?
-Se fue.
-¿Segura?
-No.

viernes, 14 de diciembre de 2012

Cicatrices

Observé el lago estéril de tu revolución. Las rosas abiertas de carne e historias supuraban palabras de putrefacción, alguien se apoyaba en el tronco de lo que fue un manifiesto frondoso. Yo observaba y me preguntaba a dónde había ido el hálito de vida, es mezcla de nicotina y sangre de sacrificios embarrada en el fusil. Las uñas partidas por intentar romper un féretro decorado de ingenuidades, astillas clavadas en los nudillos pálidos que alguna vez se unieron con los míos y chillaron silenciosamente "Libertad".
Pero nunca fuimos libres y aunque me quedé al otro de la jaula con las manos pudriéndose en el óxido de la conformidad, al otro lado de la promesa todo era diferente. Buscabas el aire limpio y ausente de esclavitud con una pasión tan abierta, tan fogosa que trajo todos los libros del mundo hacia una pila de ceniza triste. 
He aquí, las sobras de la revolución.
Qué poema ha quedado colgando de tus costillas, del cual me pueda coger para mantenerme despierta un amanecer más, un cuarto vacío de lo que dura nuestras pesadillas. En qué terror nocturno voy a inyectar mis deseos, con las rodillas pegadas hacia el mármol, llorando por esperanzas ajenas, extirpando el egoísmo y arrancando con él todas mis vísceras glaseadas de egocentrismo. 
Me despellejo ante nuestros sueños.
Y por respeto a lo que vivimos que fue nada y fue todo ¿Dejarás los huesos crudos de nuestra escalera maltrecha? ¿Me recordarás, allá en las mejillas arañadas y las monedas sucias, como algo más que un nombre? Una puñalada deliciosa, cuando digas que fui una buena persona, que hago falta en un mundo con el cual nunca me tomé de la mano. He aquí los silencios que te guardaste en el bolsillo, como una escena hecha polvo.
En cada hoja que escribí sobre ti, están las manchas de nuestro intercambio, ritual y eterno. 
Te dedico un soneto, un vals y tinta derramada.
A cambio me das una sonrisa. 
Y la nada.

jueves, 13 de diciembre de 2012

12:21




Noviembre

-Dicen que todos merecen una segunda oportunidad.
-Barbara, pensé que el fin de ciclo se llevaba todo.
-Pensé lo mismo. Nos hemos equivocado brutalmente.  

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Consultorio

Mi doctor tiene las fotografías de su pasado en la aviación pegadas en la pared. Está cruzado de brazos, frente a un avión color negro y alguien movió la cámara, su rostro está borroso, pero se distingue aún que está sonriendo. Me pregunta cómo me va, tiene arrugas al costado de los ojos, las manos tibias y su característico aroma a café recién preparado. "Le he traído esto" y mi doctor da las gracias por el café de Colombia que le encomendé a un amigo de la familia. Me dice que me acueste, hace sus menesteres de doctor, haciéndome preguntas que sabe que no puedo responder hasta ponerme de pie y escupir hacia un costado. La enfermera me sonríe. Recuerdo que hacía mucho tiempo, en la cirugía del año pasado, se encargó de limpiarme las lágrimas mientras acomodaba el aspirador en mi boca amarga y adormecida por la anestesia, dejando las manos de mi doctor empapadas de sangre. 
Terminamos y me pregunta que cómo me va. Le digo que ahora toco en la nueva sinfónica de la universidad, que me va muy bien, que tenía un concierto dentro de una semana y que quizá viajaría a Cuba durante enero. Sonrió, como siempre, se sacó los guantes y contó que era el cumpleaños de su nieto, le iba a regalar un teclado y alabé la decisión.
En la sala de espera una música de cuna me llamó la atención y venía de una muñeca que una niña mecía con cariño. Tenía los ojos grises, enormes, con lágrimas frescas atrapadas en las pestañas. Le sonreí, me sonrió y sentí la punzada usual que tengo cuando miro a niños pequeños. Es como si en mi vida anterior, me hubieran maldecido con infantes difuntos o una triste esterilidad. Su madre me miró y vio las ya casi invisibles marcas de mis antebrazos. No dije nada, desvié la mirada. Qué buen cuadro parecería aquel, la vida y el paseo por la muerte sentados en la misma banca de un consultorio. 
Regresé a casa. Escuché.
A las seis y media de la tarde desperté con la consciencia que no había dormido del todo, pero sí que había llorado como esta mañana, como ayer, como la noche anterior, como ya llevo varios días patéticos y silenciosos. El dolor de cabeza no se había ido por completo. Tomé mis pastillas. 
Y vine a escribir. 


B.

domingo, 9 de diciembre de 2012

7.12





-¿Vamos a poner fechas nuevas?
-Que estén lejos, para no darnos cuenta.
-Y será como hace un tiempo, revisaremos qué ocurrió.
-Sabes que no va a funcionar ¿Verdad?
-Lo sé.


jueves, 22 de noviembre de 2012

Nostalgias.

Febrero 2011. 
Arica. 


Desayuno en el hotel

Condominio Bello Horizonte 

Paseo 21 de Mayo
Costas De Arica

martes, 20 de noviembre de 2012

La Hemorragia

Después de mucho tiempo. Y me dijo, durante todos estos años, he pensado en ti. Te he pensando con lágrimas de rabia y de risa, con sangre limpia y oscura, putrefacta y fértil, con saliva y con plumas, con mañanas y con heridas. Te imaginaba y no decidía por dónde comenzar, si amarrarte las manos detrás de la espalda, recogerme el fusil al hombro y llenarte de plomo hasta las pestañas, porque quizá así me comprendas o si tirarme encima tuyo a destrozarte el rostro a mordidas y que me patees el vientre hasta ahogarnos en la propia sangre de nuestras conversaciones inconclusas. Asumo que no ha pasado ni un solo día en donde no haya querido destrozar una casa e incendiarla en llamas a base de nuestras conversaciones, como en los viejos tiempos. Me pregunto a veces con qué rapidez me arrancarías un pedazo de labio, con qué mirada rara y tierna te limpiarías la sangre de la frente y soltarías la usual ironía, como retirarme el rostro antes de un beso, tu limbo favorito. Ni estar a tu lado ni estar lejos de ti. 
No pediría más que nada una semana de rasgar telas, despellejar flores de inicio a fin, penetrar pulmones con el humo intoxicado de tu sonrisa a medias. Siempre lo hemos sabido. Teñirnos la piel de violeta debajo del atardecer que quemó nuestros ojos bajo la ventana. Después de mucho tiempo te encontré con la mismo hambre infeliz de querer matarte y despedazarte, de dejarte en ruinas, pisarte la tráquea y morderte las costillas con la misma crueldad con la que escribías las mil y un verdades de nuestra mentira. Con qué ganas me arrancarías el corazón de un golpe mortal, con qué ganas arrancaría yo tu estéril y torcida inocencia que derramaban tus manos sobre mi pecho. Algo que se escribe con saliva, lágrimas y sangre no puede borrarse bajo el polvo. Escuchar tu ego supurando los versos del pasado; qué más hermoso que ver tu azul asfixia de tu propio orgullo. ¿Y si ganas esta batalla y te haces camino entre los huesos, si observas las marcas que me dejaron tus dientes de perla? Nada. Dirías, Yo siempre supe que estábamos tan enfermos pero tú tienes la maldad bien dentro, el corazón tan negro, que tendré que acostarme sobre tu pecho una vez más, a buscarlo con mi oído, y quizá, mientras lloramos, pueda arrancártelo de raíz.

jueves, 15 de noviembre de 2012

Muerte En Venecia (1971)



-Tu padre diría que es otra película de maricones.
-Lo sé, madre. Por eso nunca la vería con él. Pero esta película va más allá. 
-¿Y cuál es el mensaje?
-Es el amor, madre. Esta película me ha dejado encima uno de los mejores ángulos que he visto del amor. No es que te quiero y tu me quieres y simplemente nos juntamos y la historia sigue. No. Este es un amor frágil, contemplativo, un amor que observa, que va desde lejos y estalla al mínimo movimiento, que está ahí todo el tiempo y que está contento y triste al mismo tiempo, porque le basta embobarse eternamente en la belleza de observar.
-¿Un amor que no sufre?
-¡Al contrario! ¡Justo este es el amor que te mata, que te destruye con cada detalle, que te hace pedazos, te trae hacia abajo y te hace sentir tanto que te mueres y te mueres enamorado y así es como funciona! ¡ESE es el amor del que estoy hablando! 

martes, 13 de noviembre de 2012

Me haces recordar a mi padre.

G.

No sé quién eres, nunca te he visto, pero hace meses que no hablo con Dios y esta noche, soy capaz de regresar solo para pedir que no te vayas. No sé qué intenciones tienes, no sé porqué lo hiciste. Me hablaron de ti esta noche y supe que no puedo dejar que desaparezcas antes de cogerte de las manos y pasar un rato al costado de la cama del hospital. No sé de qué color son tus ojos, si tienes los labios gruesos o delgados como hojas de papel, si ríes muy a menudo o si lloras hasta que te quemen los párpados. 
A penas sé cómo te llamas y ya significas tanto, que no me lo puedo explicar. Pero quisiera saber qué te sucedió, en qué momento tomaste una decisión tan cruda. No puedo juzgarte, porque a mí también se me cruzó por la cabeza y si te digo "Sé lo que es" no es un muleta verbal, no es un comentario de penosa compasión. De verdad yo sé lo que es y por eso esta noche voy a irme a dormir pensando en ti, en qué estarás haciendo, en si también has sentido esa sensación inaguantable de llorar en medio de un viaje de autobús porque ya nada parece tener sentido. 
Siento mucho todo lo que ha sucedido, lo siento tanto que cuando me vaya a dormir, si es que lo consigo, el pecho me pesará con la misma amargura que el amor en sus maneras más inexplicables. Quisiera saber que vas a estar bien. La noche nos cae encima y yo estoy aquí, vomitando oraciones y tú allá, sin saber quién soy, sin saber que existo, cómo me llamo y posiblemente sin comprender el porqué me preocupo tanto por una desconocida. 
Desde mi silla y a horas de continuar con la misma rutina de Noviembre, lo único que puedo hacer es desear y anhelar y tener ideas flotando, orar un rato antes de dormir, pensar que va a funcionar, que vas a sobrevivir.
Puede que no nos conozcamos, pero no pienso dejar que te vayas.

martes, 16 de octubre de 2012

Ramas De Octubre

A mitad de camino, el chofer del autobús miró por encima de su hombro a la multitud silenciosa que miraba a través de la ventana con el sol reventándoles en el rostro y los rostros como cartas de póker. Resopló, lleno de tristeza y prendió la radio que había mantenido apagada durante todo el día. Se había sentido tan desanimado que había arrojado sus viejos discos de plástico, rayados y mordisqueados por la humedad en un agujero al lado del acelerador. De repente nos acordamos que aquel día jugaba nuestro país y con la llegada del atardecer, escuchamos un partido pasivo y sin emoción, marchito por el mal sabor que nos dejó la última jugada de hace unos días y el tono anaranjado de un cielo que había estallado en luz solar durante todo el día. Pero también yo supongo que es por octubre y porque vino silencioso y calladito, como un mes indiferentemente sereno y cuando todo parecía estar tan bien, en tan solo una semana, todo se ahogó en el caos más inusual. Llegué a casa y madre no saludó; está molesta porque le critiqué su homofobia. 
Este mes, en los 16 días que llevamos respirando aire de octubre, todos hemos perdido algo y ya no sé decir si de verdad es porque así debe de ser. Podría explicar la tristeza y la amargura silenciosa diciendo por enésima vez en el año que el flujo de las cosas, pero me rehúso. Ya no hay más ciencia, no hay fórmulas ni acciones racionales en el manojo de nervios y sentimentalismos que invadieron los primeros días del mes y aún suelen invadir ciertas noches, cuando llueve hasta que el agua llega a los huesos y uno espanta los malos pensamientos. Ayer se susurró “Tengo miedo de ser feliz porque ¿Qué voy a hacer cuando se termine?? ¿Cantarlos como una canción de viejos carteles?”. De repente, con la apatía por los estudios, llega la apatía por darle vueltas violentas al asunto. Hoy día creo que Perú va a perder el partido. Y mientras tanto, recuerdo que todos, absolutamente todos, mienten.  

jueves, 27 de septiembre de 2012

Corchea de Septiembre


-Aun no sé qué es lo que pasó.
-Eso es lo que causa el amor, barroca.
-Silencio, Nannerl. No intentes convencerme.
- Y eso que aún no llegas al Romanticismo, barroca. Pero si es así, te tendré que cambiar el seudónimo.
-¡Nunca! Me da miedo el cambio de etapa musical, como entenderás, Nanna.
-Pero vamos, tienes que admitir que estarías llegando a lo mejor.
-Me quedo en el barroco. Pasar al romanticismo va a destruirme el método musical, como entenderás.

domingo, 23 de septiembre de 2012

Después de la anastesia

Un anciano con las manos detrás de la espalda y una gorra color café pasó por mi costado, susurrándome "Qué bonitas rosas" hasta que desapareció cuando llegó a la Iglesia. Alucinación o no, bebimos lo poco que nos quedaba, tres gatos cruzaron como luces fugaces y alguien tosió muy fuerte, quizá dejando detrás un reguero de sangre por la intoxicación de la noche. Arritmia, le dije con una mano en el pecho, Creo que me acelero todo el tiempo. Vi mis libros favoritos en las vitrinas de las librerías, las mesitas redondas de los cafés en donde siempre flotaron mis fantasías infantiles y cogiéndole del brazo comenzamos a caminar hacia quién sabe donde, sin más preocupaciones que llevar la botella pegada a las costillas y la nicotina guardada en los pulmones. Un grupo de turistas noruegos se cruzó en nuestro camino, pasamos por un banco cerrado, perfumado y triste, casi nos atropella un auto y en aquel flujo de adrenalina llegó la risa en medio de la absoluta nada. Hacer la revolución, viajar a París y vender nuestros cuerpos a un extranjero ingenuo para luego robarle los órganos, Podríamos venderlos en Internet, seremos las más buscadas por la CIA, qué hay detrás de todo aquello. 
El nombre del mesero era Christian, se rió de nuestra risa, nos quitó la carta y con nuestra ventana hacia el mar, secamos tantos vasos como pudimos, sustancias dulces y amargas, colores que cambiaban dependiendo del ángulo del cual miraras la intoxicación. Por la belleza de la vida, por el amor, por el arte. Me dijo, Vamos al mar, tomemos un taxi y bajemos al mar y le dije, Hace frío, vamos a tirarnos al agua y no vamos a regresar, busquemos otro bar, busquemos otro camino. Las escaleras hechas una montaña rusa como un caracol desperezándose, la risa a flor de labio, el rostro adormecido por las historias. 
No fue tanto el dolor cuando me perforaron las orejas en aquella salita de luces parpadeantes, en donde un hombre enorme con los brazos tatuados me cogía del hombro para que no me moviera. Alguien se rió de entre la oscuridad, me dijo, Bebe más, se te pasará. Y luego vi como le perforaban la lengua, la contracción del dolor y luego el susurro de las agujas contra una espalda desnuda que descansaba al costado. No hay más nicotina por hoy, la infección es un peligro, es desagradable, No puedo sentir mi rostro. Risa, Déjame en la puerta de mi casa, no puedo más. 
Acostada mirando hacia el vacío a las dos de la mañana, ya entre almohadas y libros abiertos, alguien se rió en mi oreja y se me paralizaron las manos, la arritmia, la aceleración de las horas de un sábado y el anciano que nunca nadie vio pasar, solo yo. 

domingo, 9 de septiembre de 2012

Teoría Circular.

No hay nada más que hacer al respecto. La sal del mar cicatriza. Y el frío se come los huesos. Escuchar Buika, fumar en la ventana. Brindar entre camaradas. La mesa redonda de Queirolo con Flaubert sobre la mesa. Fumar tabaco en pipa. Brindar por la miseria y los miserables que traen tanta felicidad. 
Agosto no nos ganará. 

miércoles, 5 de septiembre de 2012

Calendarios

Hoy día hablábamos después de mucho tiempo. Yo la miraba y ella me miraba a mí y después de una sonrisa amarga yo le decía "Si alguien me preguntara cómo fue agosto, yo le diría que fue estar en el infierno". Y así, como diríamos anteriormente, nos fuimos a la mierda por completo y el tiempo pasó lento o quizá demasiado rápido. Me contó sus historias, le conté las mías, miramos por la ventana en silencio y pensamos en lo mismo una y otra vez "Pasamos un mes en el infierno". Como jamás había sucedido antes, perdimos el control de las cosas, la capacidad convencer a las personas para que ignoren el reguero de sangre que dejamos a donde caminamos.
Sangre, porque no sabemos lo que es el tejido, la piel que se cierra, los cabellos que crecen. Caminamos de un lado a otro con la herida abierta y se ha vuelto una pequeña molestia, todo controlado, caminábamos y caminamos sangrando a todos lados, intentando cubrir con flores muertas aquel triste rastro. 
Fumamos en medio del frío de la tarde, caminando de regreso a la universidad. Agosto, el mes en el infierno, se desvaneció de un momento a otro y ni siquiera podíamos explicarlo. Yo no puedo, ella no puede, las cosas parece que han mejorado de un momento a otro.
Pero es una larga espera, porque en cualquier momento, aquello raro e inexplicable que no sabemos definir nos arrastrará a un nuevo agosto, que quizá sea un octubre, quizá un diciembre.
Amor, caos y luchas cuerpo a cuerpo con los demonios de adentro. Ha llegado septiembre para ella y para mi, agosto se fue, parece como si nos hubiéramos arrancado aquella piel triste y enferma de encima. Parece como si las cosas fueran a estar bien por siempre. 



martes, 4 de septiembre de 2012

Octubre

Yo lo miraba todo el tiempo. Nos sentábamos en el autobús cuando hacía tanto sol afuera y tanto calor adentro, leíamos en silencio y de vez en cuando me tocaba el hombro para decir "El día tan alegre y tú tan amarga" y así pasaban las imágenes por la ventana. Yo lo miraba leer, lo miraba comer, lo miraba reír, lo miraba incluso cuando él no tenía el mínimo interés en mirarme porque se enojaba. Decía que por más que quisiera, no podía ver más allá de la oscuridad de mis ojos. Y yo me encogía los hombros y lo miraba; las personas nacen siendo misterios y mueren de la misma forma. 
10.11 
Pasábamos la tarde sin decir ni una palabra, yo contra su hombro y él contra mi frente. El sol entraba por la ventana, se iba detrás de las cortinas, todo parecía estar tan tranquilo que adormecía y si no fuera por viejos afanes de corta violencia y su hábito de explorar mi nuca bajo la ventana, quizá nos habríamos dormido. 
Pero yo lo miraba todo el tiempo y siempre me sorprende la fascinación con la cual me quedaba observando. 
Más que nada me sorprendía que cuando lo miré de manera diferente por primera vez, no pensé en cuadros alegres, tampoco en el rastro solar entrando por la ventana ni en campanas ni viajes de autobús.
Cuando lo miré con amor por primera vez, solamente pensé en cómo sería cuando tuviera que decirle adiós. Antes de si quiera saludar, ya pensaba en despedirme. A cada tacto accidental de las manos, pensaba en que nunca más iba a tocarlas, y cada vez que lo miraba, hasta el último minuto, solo pensé en que dentro de un tiempo, nunca más nos volveríamos a encontrar.
Y desde entonces, desde siempre, las cosas han sido así. 
No hay mirada tan llena de amor que pueda dar sin pensar en cómo serán las cosas cuando esa persona no esté más aquí.