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domingo, 3 de noviembre de 2013

Silueta en el jardín

Nadie nos creía una unión conveniente. Yo andaba escarbándome los restos de pintura pegada a la piel cuarteada de mis nudillos y él tenía las manos blancas y limpias, las uñas cortas y de tonalidad purpúrea, señal típica de los que tienen problemas para respirar. Nunca sonreía demás, nunca se reía. Jamás olvidaré las contadas veces que alcancé a ver sus dientes blancos, casi transparentes, tímidos detrás de su boca pálida. 
Lo conocí tres años antes de irme. En ese momento yo no tenía ese extraño hábito de jalarme compulsivamente las mangas de los suéteres, no sé si en un afán de esconder cicatrices pasadas o por simple nerviosismo. Pero lo encontré, quizá él me encontró o hasta pudimos haber sido un simple capricho de Dios, una coincidencia sin importancia. Solo sé que fue frío, como el témpano, como la indiferencia, desde el primer hasta el último día.
  Aleksandra Waliszewska
Era una paradoja de cabello largo y ojos ambivalentes, a veces claros, brillantes, otras veces siniestros, cargados de una inexplicable amargura. Nos sentábamos por horas enteras en el mismo lugar a hablar. En aquel limbo silencioso que era el jardín de su casa, siempre desierta, rodeada del ruido de la ciudad que cada día parecía más lejana, más extraña, mirábamos el cielo sin decir nada. De repente su piel helada sobre mi mano derecha, un beso con sabor a abandono cerca a la boca, un susurro gentil en el oído. 
Existíamos en aquel jardín. Fuera de los rosales y los arbustos de margaritas, a mi se me caía el cabello, se me partían las uñas y nosotros éramos entes separados, aparentemente unidos por un hilo que yo sentía desnutriéndose con el paso de los días, mientras su beso nocturno se fortalecía. Escupía sangre a las dos de la mañana y me creía una estatua de mármol de su jardín, decoración de carne, hueso y vísceras, su muñeca de porcelana, la compañía más adecuada. 
Nunca se lo dije. Pasaron tres años y nunca se lo dije y el día en que las costillas se estrellaron dentro de mi cuerpo, que la hemorragia pudo más que mi fortaleza recuerdo que estaba triste y feliz, me sentía miserable pero tranquila. Entonces me fui. 
Alguien me dijo tiempo después que guardó luto por años enteros, que casi pierde la razón cuando escuchó la noticia, que casi pierde la vista por lo maltratados que quedaron sus ojos de puro llanto. 
Pero no les creo. 
El que yo conocí no lloraba, no parecía sufrir, siempre estaba calmado y ningún silencio le hizo perder la compostura. Parecía ser un poco más humano cuando estábamos en el jardín, pero eso es todo; más allá de los rosales, estaba tan frío como la primera vez que lo vi. 
Si estuve equivocada hasta el último día, él nunca me lo hizo saber. 


Inspirado en Pesadilla # 5.

sábado, 8 de diciembre de 2012

Av. Cuba

Le dijo al chofer que su padre había contratado que la llevara hacia la avenida Cuba. Pensaba bajarse en ese parque de forma circular con bancas abandonadas y un monumento de quién sabe quién, probablemente un héroe de la guerra. Se sentó en el asiento y comenzó a esperar. El chofer, mientras conducía hacia calles muy alejadas del destino original, solo pensaba en llevarse a la chica y violarla cuando estuvieran lo suficientemente lejos. Después de un rato ella dijo "Esta no es la calle Cuba" y el chofer le respondió "Sí, pero de Chorillos", que era un lugar muy alejado cerca al mar. 
Ella no desesperó. Ni siquiera se puso a llorar, solo miró al hombre por el retrovisor y suspiró. "No debería de hacer esto" le dijo "Si hace esto no sé qué es lo peor que le podría suceder". El chofer se puso nervioso, ella estaba tan tranquila, tan igual con su mirada triste barriendo las calles de la ciudad "Va a llevarme hacia algún lado, va a violarme ¿Y después qué, señor? ¿Matarme? No lo creo. Va a mandar al diablo su vida por el poco tiempo que pueda usarme. Luego la policía lo buscará y lo van a encontrar, créame, porque no hay forma de ocultarse en este lugar. Lo peor es que mi padre va a ir a buscarlo y después va a matar a toda su familia ¿Quiere eso, señor? ¿Quiere que mi padre mate a su anciana madre y pise su cráneo contra el suelo?" El chofer sentía lágrimas patéticas brotar de sus ojos, volteó, miró a la joven e intentó callarla, gritarle, pero ella no reaccionaba, solo lo miraba fijamente y hablaba de lo que sucedería. El hombre no aguantó más. 
Poco después estaban ambos sentados en un auto de la policía. Ella lo miró con tristeza y le dijo "Pudo haber sido mucho peor, señor, ahora solo se irá a la cárcel, pero por un tiempo corto, esperemos. De todos modos, en la cárcen van a violarlo y llenarlo de enfermedades hasta que no pueda caminar ¿Ve lo que se ha buscado, señor?" Y el chofer comenzó a llorar lágrimas de sangre y temblar compulsivamente, se arrimó al regazo de la joven y comenzó a gritar "¡Perdóname! ¡Perdón! ¡Lo siento tanto" Y ella solo le acarició el cabello con una mano, cerró los ojos y le susurró "Lo perdono": 



Y ese fue mi sueño.
Me devolvieron a casa con mis padres.
El chofer que intentó secuestrarme no volvió a aparecer. 

sábado, 1 de diciembre de 2012

Colgar.




Nunca ha sido necesario un gran libro de psicoanálisis ni manuales de esoterismo para darme cuenta de lo evidentes que suelen ser algunas imágenes. Vienen, se quedan, desaparecen a las semanas y regresan con una fuerza descontrolada cuando menos me los espero.
Anoche soñé que alguien colgaba su ropa detrás de mi puerta antes de irse.
El mensaje es simple.
Va a tener que regresar por ella algún día. 

miércoles, 17 de octubre de 2012

Pesadilla I



Terminado el 17 de Octubre del 2012. La única razón por la cual me alegró terminar y ver el resultado de esto, es porque llegué a plasmar cómo son de verdad mis pesadillas y me refiero a las imágenes y a cómo se presentan mientras duermo. "Pesadilla I" y no estoy segura qué quiere decir. 

viernes, 20 de julio de 2012

Pesadilla

Soñé que había una clase de escena en donde habían soldados, quiizá eran soldados nazis que por pura diversión sacaban niños judíos todos cubiertos en vendas y en sangre. A algunos les faltaba un brazo y otros  no se podían mover, era como si fueran paralíticos. Y los soldados sacaban a estos niños de los hospitales o de quien sabe dónde. Y los tiraban por un tobogán como si fueran pelotas y se morían de risa y en mi sueño así, uno de ellos dijo "Mira, gritan como puercos" y sí, los gritos de esas personas se escuchaban como cuando matan a los puercos en las granjas, chillidos horribles. 
Vendas ensangrentadas, llenas de mugre. Cuerpos que eran casi torsos envueltos en vendas, solo vendas. 
Y los soldados reían a carcajadas largas, aplaudiendo de felicidad. 


viernes, 22 de junio de 2012

Cenizas

Había algo peculiar en su forma de caminar. Una caída del caballo le había partido un hueso en la pierna izquierda en algún verano de su pasado y su leve cojeo se lo recordaba todos los días. Fuera de sus huesos rotos y su olor a flores de cementerio, su fragancia que flotaba entre la muerte y la felicidad, él tenía muchas cosas peculiares. Todos creyeron que murió de viejo y porque la Demencia se lo tragó desde adentro a tal punto que se olvidó de comer, quizá hasta de respirar y fue por eso que lo encontraron tieso en su cama, con los ojos abiertos y una sonrisa rara colgándole del rostro. No fue así, las historias se escriben de manera diferente, él estuvo muerto todo este tiempo pero las personas son un buen público en el teatro y el arte de actuar era, es y seguirá siendo una maldición increíble. 
Cuando él murió tenía pedazos de vidrio colgando de la planta de los pies. La piel se había desgarrado como papel y quedaban pocos dedos entre la sangre púrpura, casi negra y que en su tiempo fue roja, rojísima. Quedaba un poco del dedo gordo y desviado hacia la izquierda, las uñas habían desaparecido. Alguien que pasó por ahí, dijo que lo había visto romper espejos a patadas, intentando llegar al otro lado como quien cruza un arroyo triste. 
Una de sus alas se había despellejado por completo y la habitación estaba llena de plumas blancas, negras y rojas. De su omóplato derecho salían unas raíces oscuras que caían por su espalda fría como una cascada de algas, un manojo de hebras y el ala sangrante descansaba en el suelo, haciéndose ceniza bajo el sol de la ventana. Una herida abierta mantenía el ala derecha unida a la piel frágil, cuarteada por la sal de la brisa y los años que pasaron; entre los tendones y los hilos de piel, se podía observar una luz extraña, como el parpadeo de una estrella. 
Murió sonriendo, abrazando su cuerpo maltrecho y golpeado por la tinta de sus historias. Alguien que pasó por ahí dijo que rió a carcajadas antes de irse, rió por horas, tapándose los oídos y chocándose contra las paredes de la habitación dejando las sombras de su sangre sobre los muros blancos. 
No murió de viejo, no fue tocado por los años que nos consumieron al resto de personas que lo observamos desaparecer. Murió así, con un ala mutilada, temblando de dolor y de placer, de alegría y de amor hasta que cayó al suelo, herido y contento. Cerró los ojos y lo único que dijo fue "Hoy retorno a mi hogar", antes de que su cuerpo se volviera nada más que roja ceniza.


jueves, 14 de junio de 2012

Alice

Bajo la luz amarilla de la ciudad, la palidez de Alice se manchaba de un tono enfermizo y supe que podría desmayarse cuando levantó el rostro, se limpió el vómito de la mejilla izquierda e intentó sonreírme. Esa noche nadie la reprendería en casa; no había una madre regañona ni un padre extremista. Ella no era como nosotros. "¿Qué hora es?" me preguntó buscando mi brazo en la oscuridad. 
Sentí sus huesos frágiles, casi de cristal, sostenerse en mi y le dije que pronto sería la una de la mañana, que era muy tarde y que teníamos que regresar. Alice se rió de mí con su risa de escándalo intoxicado y escupió con fuerza hacia otro lado. Su cabello morado y pajoso tenía el olor de una noche entristecida. Cuando busqué sus ojos solamente vi un par de pupilas dilatadas que flotaban en el arco iris de la muerte que resulta cuando mezclas el alcohol, la nicotina y el ácido con azúcar. "Estoy hecha un vómito de unicornios" me dijo y su aliento era como la soledad que habitaba en sus entrañas "Llueve sangre y estrellas sobre esta maldita ciudad". 
Alguien me ofreció ayuda para llevarla a casa pero me rehusé.Yo la cuidaba todos los viernes por la noche, los sábados por la tarde, el día y la hora que a ella se le ocurriera buscar y arrastrarse por las calles buscando un chorro de felicidad momentánea. Caminamos por media hora en silencio hasta que ella estalló en una risa tan fuerte que cayó al suelo; me senté a su lado y la escuché mientras se sacaba una botellita de Vodka medio llena del bolsillo de su abrigo. 
"La vida es simple, Requiem" me decía dando un sorbo "Todos estamos muertos desde que comenzamos a vivir. Mírame a mi, hecha mierda en esta ciudad de putas, monjas y buenos amigos. Moriré joven, muy joven y allá a donde me vaya me encontraré con Joplin y con Hendrix y todos los demás hijos de puta que hicieron de mi vida un lugar mejor. Mira, Requiem, esta noche llueven sangre y estrellas". Alice señaló al cielo oscuro y comenzó a reírse de nuevo "Mi padrastro está siendo asfixiado por las flores y mi madre ni siquiera merece que la maten de manera poética, sabes..." y vomitó de nuevo. Me llevé a Alice y dejé que pasara la noche en mi casa. Llamé a su madre, dije que se nos había hecho tarde y por la mañana siguiente preparé té con tres de azúcar. Ella tenía ojeras de mapache embarradas en maquillaje, el cabello morado solo era una maraña furiosa de cansancio y su sonrisa estaba más frágil que nunca entre mis almohadas cremas. 
A veces pienso en ella y la extraño. Tuvo razón cuando dijo que moriría joven, pero no pensé que la muerte llegaría tan rápido, de manera tan inesperada. Alice murió de sobredosis en su habitación como siempre se lo imaginó, estaban repitiendo Cry Baby de Janis Joplin en su radio. Dejó una nota para mi debajo de su libro favorito, una obra de Kaysen. Me escribió "No pudieron conmigo, Requiem. Yo no le pertenezco ni le perteneceré nunca más a nadie". 



miércoles, 6 de junio de 2012

Simbolismos


Anoche soñé que golpeaba a un hombre desconocido con un bate hasta casi matarlo, gritando como no grito desde hace mucho tiempo.
El hombre solo se protegía el rostro y mientras le rompía los huesos, repetía sin cesar "No me gustan los cambios de ruta. No me gustan los cambios". 
Lo abandoné a su suerte, sangrando en el suelo de una calle rodeada de casas inmaculadamente blancas y de árboles altos y verdes, como en los barrios residenciales. 
Una voz lejana dijo "Catorce mas cero es igual a catorce".
Y al final del sueño, crucé una puerta negra que me llevó a una clase de bosque lleno de nieve y hielo derramándose por las ramas. La nieve emanaba una luz fría y nunca observé ningún cielo. 
Me apoyé en uno de los troncos cubiertos de nieve y cuando observé mi brazo, estaba lleno de astillas. 



Y desperté. 

miércoles, 23 de mayo de 2012

Anabel

Cuando tocaron la puerta a golpes desesperados el domingo a las cuatro de la tarde, Anabel dejó las cebollas a medio picar y salió con los ojos llorosos sabiendo lo que se venía. Se cogió el rosario que colgaba de su cuello y les dio las buenas tardes al par de policías que cargaban a un hombre desaliñado que miraba hacia el vacío con los ojos brillosos y una expresión profunda de entusiasmo.
Anabel les pidió que lo dejaran en el sofá de la sala que se mantenía partido por la luz que entraba por la ventana desde que lo cambió de lugar. El par de policías que ya estaban familiarizados con aquella simpática casa blanca de cornisas rojas, acomodaron entre los cojines al hombre que hipaba de emoción y rechazaron educadamente el jugo de frutas que la mujer les ofreció. Ella los acompañó hasta la puerta y antes de despedirse, el policía negro y fornido se atrevió a comentar. 
              -Debería de conseguirle un doctor, señora- dijo, negando con la cabeza –El don ya está muy grave. Anabel sonrió con su característico rasgo de tristeza y se encogió los hombros. 
           -No está loco, joven- replicó –Su problema es que todavía tiene sueños.
Hizo una mueca de desacuerdo y comentó vagamente que lo habían encontrado de nuevo en el parque, intentando treparse a un frondoso árbol lleno de pájaros y de insectos extraños. Hizo un escándalo de mil demonios al momento que lo bajaron de un tirón, pero se tranquilizó cuando le dijeron que lo llevarían a casa. 
           -¿De verdad no quiere internarlo en algún lado, señora?
           -A las aves y a los soñadores nadie debería encerrarlos. 
El otro policía se rascó la nuca y a manera de despedida le dijo:
           -Qué paciencia tiene usted, señora. Qué paciencia.
Anabel cerró la puerta después de dar las buenas tardes de nuevo y se sentó frente al hombre que seguía hipando emocionado entre los cojines. Tenía el cabello largo y desgarbado, las uñas le habían crecido con bastante rapidez y las tenía repletas de mugre y astillas. Pasó así varios minutos, escuchando las voces lejanas de la radio desde la cocina y su hipo compulsivo. Él estaba concentrado en la nada. Miraba sonriendo hacia el vacío y el hipo parecía interrumpir de golpe la cadena de sus pensamientos. Tenía las manos juntas sobre el regazo y movía nerviosamente la pierna derecha. Anabel se fijó que sus zapatos estaban cayéndose a pedazos y su pantalón tenía un agujero largo como un rasguño profundo que dejaba ver su piel desnuda y cubierta de pelos. Abandonó las cebollas en la cocina, se lavó las manos y trajo unas tijeras plateadas que había comprado hacía mucho tiempo en el mercado. Se paró detrás del hombre y con cuidado y comenzó a cortarle el cabello negro, dejando caer docenas de mechones oscuros, enredados y toscos. De repente él suspiró y sin girarse del todo, buscó la mano de su mujer en el vacío hasta que ella se dejó encontrar. Llevó aquella mano tosca y pequeña hasta sus labios y la besó en el reverso de la palma.
           -Anabel- dijo con una amarga sonrisa  –No hay nombre tan triste como Anabel.

martes, 3 de abril de 2012

Soñar con Ludovico III

Soñé que cantaba en un musical al lado de un hombre que aparentaba no quererme. Yo no era yo, si no que me encarné en una mujer de mirada traviesa, cabello de bucles afrancesados y voz melodiosa. Se trataba de una novela convertida en musical y el libreto era tan gordo como un libro cualquiera. En mi sueño, ese día mismo se iba a estrenar toda la obra y yo no recordaba nada de las canciones, pero sentía como si hubiéramos pasado semanas entrenándolo. No recuerdo ni una sola palabra, pero me gustó mi voz falsa. 
Minutos después soñé que era de nuevo yo, con mis lentes, mi cabello corto y mi mandil rojo del colegio que no he vuelto a usar desde que me fui para siempre. Yo estaba caminando con mi bolso y adentro estaba el famoso libreto la obra. Fue entonces cuando lo vi. Ludovico utilizaba un mandil de un color que ya no era suyo, tenía el pelo corto y las gafas de siempre. Intenté acercarme para hablarle, pero pareció no verme y no hice nada al respecto. Cogió su mochila negra y salió por la puerta del colegio, lo seguí sin saber exactamente qué iba a hacer. Vi que una carreta extraña se acercaba hacia él y unos hombres le preguntaban por su apellido y ofrecían a llevarlo, cosa que él aceptó. 
Tanto ellos como el resto de personas dentro de la carreta, usaban máscaras de caritas felices hechas de papel y pintadas con lapiz. Recuerdo que apreté mis emociones y pasé al lado de la carreta dando zancadas, dirigiéndome hacia el paradero para regresar a casa. Uno de los hombres con máscara me detuvo.
 -¿No quieres subir con nosotros?
-No puedo... hay alguien adentro que me causa mucha tristeza- respondí -Será para la próxima. 
La carreta avanzó hasta determinado lugar y cuando giró una esquina, vi que Ludovico me miró. Para ese momento, extrañamente, yo me había sentado en la vereda con mi libreto en la mano y lloraba a gritos ahogados, sin ganas de taparme el rostro. Lo último que recuerdo es que Ludovico se quedó mirando cómo yo lloraba, hasta que la carreta desapareció. Desperté cuando se cruzó en mi mente la imagen de mi libreto tirado en el suelo de la calle, roto y hecho pedazos.

lunes, 16 de enero de 2012

Soñar con Ludovico II

Soñé que yo estaba en el colegio y había una presentación importante. Habían padres de familia afuera, haciendo cola en las afueras grises. 
Recuerdo que salí para tomar el autobús y que me di cuenta que se me había olvidado algo dentro de los salones, entonces quise regresar. 
Antes de dirigirme hacia la puerta vi los micros y taxis que pasaban por la 28 de Julio, entonces vi que Ludovico subía a uno de ellos y me observaba de pie, desde la ventana. 
Su mirada diáfana y casi olvidada se vio tan clara que hasta ahora puedo recordar cada detalle. Pero era distinto, me miraba turbado, preocupado quizás o probablemente sea que jamás lograré descifrar su mirar. 
El autobús en donde iba se fue. 
Y mi sueño se terminó. 

domingo, 1 de enero de 2012

Soñar con Ludovico


Hace dos noches, la misma noche de cine en la que tuve un momento de confesiones sentimentales con Rosana y hablamos de la vida, del amor y de la muerte, tuve un sueño con Ludovico, después de mucho tiempo.
En mi sueño, estábamos todos en el colegio y yo en el pasadizo, caminando. 
Entonces Ludovico apareció, viniendo de algún lado y me miró y yo también le miré, y ahí estaban sus ojos negros, eternos y silenciosos. 

-Espera- me dijo -Espérame a los últimos días de Enero. 

Y entró a su salón sin decir nada más. Un chico de su grado pasó entonces por mi lado, me miraba seriamente. 

-Dale tiempo- dijo, todavía serio -Dale tiempo, espéralo. 

Entonces me desperté. No supe qué hacer.
Y mirando hacia mi ventana tapada por cortinas, sentí un calor extraño en el pecho. 

domingo, 11 de diciembre de 2011

Soñar Contigo

Soñé que estábamos en un teatro muy parecido al Municipal. Eran grande, forrado en mármol, adornos de oro, ángeles tallados, vidrios y alfombras rojas. Todos estábamos de gala y caminábamos por todos lados, tratando encontrar nuestros asientos o reunirnos con otras personas.
Estabas utilizando un traje negro, cosa que jamás te vi usar en la vida real, y te veías tan elegante, poético. No podía ser para menos, siempre he creído que emanas poesía desde cualquier ángulo, en cualquier momento.
Descubriste que yo le estaba regalando una libreta a una amiga y me preguntaste ¿Están haciendo intercambio de regalos? Y otra amiga que andaba por ahí me miró de mala gana, porque aparentemente era un secreto. 
En la presentación del teatro te sentaste a mi lado, nos sentamos juntos. No recuerdo exactamente qué pasó en todo el tiempo que pasamos esperando, supongo que hablamos de nuestras vidas, parecía que no habíamos hablado en mucho tiempo, lo cual sería, de alguna manera, un reflejo de la realidad. 
Hubo un momento de felicidad en mi extraño sueño en donde nos reímos de alguna ocurrencia y entonces sentí tu brazo en donde alguna vez me apoyé apoyarse sobre mis hombros. Fue una sensación hermosa, como de seguridad. 
Fue entonces que todo terminó y dijiste que viajarías por todo Europa con un señor que se supone era tu padre, a quien nunca he visto en realidad y que conducía un automóvil de los años 50 de color negro, muy bonito y que tenía adornos de plata en el parachoques. Subiste después de la presentación y partiste en él. En el techo estaban amarradas muchas maletas.
Yo también viajaría por todo Europa en auto con mi familia y recuerdo que seguimos el mismo camino hasta cierto momento, en donde descansaríamos en un alguna ciudad extraña mientras tú continuabas el camino. 

Desperté y me di cuenta que ese día tenía que dar un examen en la universidad para ver si llevaría introductorios al comenzar el caño. Todo el camino en auto, estuve haciendo un esfuerzo supremo por no pensar en ti, poeta. 
Ahora, muchas horas después, mucho más tranquila y con cierto frío, me pongo a pensar si esta sensación extraña significa que todavía pienso en ti. 


B.

lunes, 17 de octubre de 2011

Crudezas

"Te dije muchas veces Amelia, que te quiero como a nadie. Debes de comprender que jamás podría querer a otra chica mientras estoy contigo porque lo tienes todo. Tienes el misterio que me hace sentirme tan interesado, tienes la mirada necesaria, tienes la pasión que me enciende y el silencio que me apaga. 
¿Podríamos ser más felices que ahora, Amelia? No lo sé. Tendríamos que pasar mucho tiempo juntos y vaya, solo vamos medio año hasta ahora. Medio año de nuestras vidas, te quiero mucho, princesa mía, preciosa, no tienes la menor idea de cómo te pienso, te sueño y te fantaseo cuando no estás.
Pero no te amo.
Oblivion
Ah no, Amelia, no vayas a confundirte, vida mía, no vayas a creer que te amo, porque te harías daño y arruinarías lo que estamos viviendo. ¿No eres feliz a mi lado? ¿No soy yo feliz? Claro que lo soy, claro que lo eres, lo somos, nos queremos con ceguera y con pasión, con paciencia y con la mejor de las poesías. 
Pero escúchame, Amelia, cuando digo que no te amo. 
Sería terrible que tú me amases. Sería una pesadilla que uno de estos días me digas "Te amo, Lorenzo" y sonrías con tu rostro de ternura, que me llames "amor mío" y me tomes de la mano, como si estuvieras haciendo algo bonito. 
Jamás, Amelia, me ames. El amor es un misterio tan grande, es una palabra de tantos significas, vida mía, tú no sabes lo que es y yo tampoco, porqué me darías tu corazón como si fuera yo el indicado. 
Quiéreme, Amelia, pero no me ames.
No me mires como si fuéramos a durar toda la vida, no busques mis manos en la oscuridad porque me da miedo saber que me quieres más de lo que yo a ti. ¿Qué sería de mi, Amelia, si algún día te causo la muerte? ¿Podría vivir sabiendo que te hice la más desdichada de las mujeres después de darte tanta felicidad? Se marchitaría mi corazón como un seto invernal y tú perecerías para siempre, oh, si es que me amases algún día. 
Crudezas que tienes que escuchar, hermosa mía, cosas que tienes que saber, no llores si te lo digo, no llores si te lo oculto. 
Te quiero, Amelia mía.
Te quiero mucho"


miércoles, 21 de septiembre de 2011

Soñar Con Tu Ex

Soñé con mi ex. Todo sucedía cuando caminaba con mi mamá hacia las galerías y tiendas que hay al frente de mi casa. Les llamamos "Galeras" o "Galerías Brasil" por la avenida que tiene al otro lado. Es un cruce largo y lleno de  cosas divertidas, videojuegos, faldas de cuero, discos de Iron Maiden y botas al estilo más oscuro del mundo. Siempre me ha gustado visitar ese lugar.
En mi sueño mi mamá me dejaba dentro, en una clase de café extraño con mesas y sillas. Me decía "Espérame, ya regreso" y desaparecía.
Yo buscaba un lugar en donde sentarme y entonces lo vi sentado en una mesa blanca y redonda, como una persona común y corriente. Estaba vestido de negro, así como cuando daba sus conciertos violinísticos y me daban ganas de comérmelo en el buen sentido de la palabra porque se veía (y apuesto que aún se ve) increíblemente atractivo.
Nos saludamos y fue extraño porque no había ninguna clase de tensión. "¡Hola!" le dije y me senté al frente suyo. Se rió. Se veía más viejo, más cansado, dentro de mi sueño yo me pregunté a dónde se había ido ese rostro angelical que siempre me gustó ¿Qué habría pasado?
"A los años" me dijo sonriendo y yo le respondí que sí, efectivamente, había pasado mucho tiempo. Nos exigimos un saludo digno de amigos y nos dimos un beso en la mejilla.
Una parte de la buena realidad que vivimos se metió en el sueño y recuerdo que me mordió cariñosamente la mejilla. Me reí, nos reímos y entonces mi mamá apareció y lo dejé ahí, sentado, flaco, sonriendo como si nada. En el camino mi mamá me llamó la atención "¡Ah! ¡Así que todo esto solo para encontrarte con él!" Y yo claro, que negué que esa fuera mi intención.
Ha sido el segundo sueño en donde yo me voy y le dejo. Mayormente en el mundo de los sueños, yo siempre le veía partir. 

Desperté con una sensación extraña en la mente y poco después en el colegio un amigo me preguntó cómo se respira cuando besas. No sé si le contesté bien, pero tuve que traer buenos momentos a la mente (y qué buenos que eran) y al final le dije que dependía de la situación. 

sábado, 20 de agosto de 2011

Viaje De Luces Blancas

Sentada en el suelo y leyendo Jane Eyre de Charlotte Brontë, me choqué la cabeza contra el librero de atrás y digamos que me dolió, pero no lo suficiente para alarmarme. Anoche me quedé hasta una hora prudente de la madrugada bailando e intercambiando frases triviales con los invitados, charlando con unos amigos también. Comí un pollo a la brasa con mis padres a esa hora y de ahí me fui a dormir, con los pies palpitando de la agotadora felicidad del baile.
A la mañana siguiente estaba estudiando francés, sentada en las butacas negras de la Alianza y con ganas más de dormir que de repasar mi incierto futuro para decirlo cuando me llame la madame Soto. Pido un desayuno en el recreo, un mixto con papas fritas que puede matarme pero es inevitable.La joven que atiende me saluda, me dice que ha llegado tarde y que todo se le ha juntado y yo solo le respondo con una sonrisa y un comentario amigable. Me cae muy bien a pesar de no cruzarme más que cinco palabras todos los sábados. Su cabello es muy suave y su labio inferior me da curiosidad. 
Y entonces, en las últimas horas de la clase nos fuimos a leer a la biblioteca como de costumbre y a la mitad de una escena serena pero desgarradora, mi cabeza se chocó contra el librero de atrás, zona de nouvelles, supongo. No hice caso, lo que no duele pasa desapercibido.
A la hora de la salida tomé un taxi con mi mamá y antes de darme cuenta, me había quedado dormida en el asiento del taxi, con la cabeza colgando hacia un lado y Damien Rice en los audífonos.
Puedo jurarles que en ese corto tramo de Miraflores a Jesús María en donde me mantuve entre los sueños y la realidad, sentí lo que podría experimentarse en el viaje hacia el Cielo. No me refiero a la muerte en sí, si no al Cielo en sí. De vez en cuando abría mis ojos y eran luces blancas del cielo limeño e invernal, algunos árboles y la vibración del taxi que solo me adormecía más. Sentí una paz hermosa y quizás sonreí mientras el camino seguía. Con mis párpados cerrados, mi cuerpo se iba desvaneciendo y yo flotaba en aguas blancas, todo estaba rodeado no por oscuridad, si no por la más blanca de las luces tenues. 
Se rompió el encantamiento cuando mi mamá me movió y me dijo que ya estábamos en casa. Ya en casa, no pude soportar aquel sueño tan extraño y me quedé dormida en el sofá hasta que un amigo que se encontraba muy triste me llamó por teléfono y colgó poco después, dejándome un horrible presentimiento.
Han pasado varias horas, pero yo solo quisiera vivir aquel viaje de luces blancas que pasé en el taxi una vez más.
Fui completamente feliz, después de mucho tiempo. 




B. 

domingo, 15 de mayo de 2011

Pesadilla

Soñé que viajaba con mi amiga en un autobús que no respetaba ninguna orden del tiempo o del espacio. En mi sueño observábamos una obra de teatro llena de arlequines, de gente vestida de colores y que hacían pasos extraños de danza en un escenario que se me hacía muy conocido.
En mi sueño mi mamá lloraba preocupada porque había una niña pequeña de tacones negros que vivía por la casa y su vida estaba en peligro. Saliendo del teatro, mi amiga y yo nos encontramos en la misma calle en donde vivo, hacía mucho frío, la gente estaba apachurrada en la esquina observando algo que no podíamos ver. Mi madre apareció de la nada diciendo que ya era muy tarde, era suficiente, quizás era la niña la que estaba ahí. Nos acercamos entonces y todos se hicieron hacia atrás, y así fue pude ver un cadáver demasiado grande como para ser el de una niña, estaba envuelto en sábanas negras, incluso chorreaba algo parecido a la brea y mi mamá se arrodilló para verlo mejor, descubriendo que utilizaba tacones negros. Todo se pusieron a llorar y un gato gris corrió cerca de nosotros.
Sintiendo una ira que jamás había visto antes, comencé a gritarle al gato cosas espantosas, mi amiga se quedó atrás mientras yo le seguía. Le recriminaba, lo culpaba por el asesinato y entonces supe que una energía maligna descansaba dentro de ese animal, le llamaba yo 'demonio' y sabía que me estaba entendiendo. De un momento a otro corrí de tal manera que lo encontré, y tirándolo con todas mis fuerzas contra una pared de metal cercana, maté al gato, dejando una marca de sangre en el muro gris.
En mi sueño, el autobús extraño nos llevó a mi y a mi amiga hacia una tienda en una ciudad soleada llamada Chiclayo, lugar que jamás he visitado. Entramos a una tienda en donde vi estantes repletos de ropas negras, púas, instrumentos extraños, cosas que suelen llevar los metaleros encima y que considero familiares. Hice propaganda del lugar por medio de una radio y me fui a buscar más cosas, hasta que encontré un estante en donde había una chica delgada, pálida y de pelo fucsia mirándose las uñas. Nos saludamos y en la vitrina guardaba discos, música y sobres extraños con polvos blancos adentro. Una persona extraña llegó y le bromeó a cerca de las rarezas que vendía, ella solo le miró con indiferencia. Uno de esos sobres blancos decía "LA NARANJA MECÁNICA / FRANCIA" y la chica me dijo algo respecto a enterarnos todos de la verdad.
Me retiré en el bus de aquella ciudad soleada. En mi sueño, estaba regresando a casa y adentro de otro autobús encontré a unas amigas llorando y riendo, como si no supieran como sentirse.
Poco después, apareció mi mamá observando unas fotografías mías con mis amigas, en donde todas sonreíamos como si estuviéramos en una fiesta, y el gato gris que yo había matado hacía poco, descansaba en mi regazo como si siempre hubiera sido mío.

jueves, 7 de abril de 2011

Nocturnos

[ Sueño ]


Era una fiesta. Luces por todos lados, el ambiente se sentía turbio por la cantidad de personas que saltaban, tomaban, reían en cámara lenta con el rostro deformado por los colores. La vampiresa que usaba el vestido de rayas blanco con negro sonreía cerca de la mesa de bocaditos, tenía el pelo negro, los dedos largos y blancos, finos como los de un muerto.

Se acercó entonces el chico, ese chico de pelo oscuro que le tapaba un ojo, vestido también de negro y con una que otra raya, se veía perdido, algo atontado, buscaba alcohol con las manos níveas hasta que encontró a la vampiresa de pie, sonriente, con las uñas negras afiladas.

Cogió ella una lenteja de chocolate y el chico, ese chico, sintió el dulce sabor de la golosina derramarse por su boca, fue feliz, se sintió descontrolado, excitado.

Miró a la vampiresa y juró que se vio reflejado en su sensual figura nocturna.

La cogió de la mano, su piel fría estallaba de deseo, eran ambos iguales, mismo peinado, misma palidez cadavérica y perfecta, tenían los ojos tan oscuros como si fueran reencarnaciones del demonio mismo, eran los más pefectos de la fiesta, criaturas de la noche. Fueron a sentarse a un lado más callado, a una mesa con un mantel de color pastel con un florero encima. Hablaban mirándose, la maldad fluía de un lado a otro, de una iris casi rojiza hacia la otra.

Qué placer era para los dos hablar con alguien tan similiar, de la misma naturaleza. Sonrió el chico, cogió la blanca mano de la vampiresa y mordiendo sus dedos largos de pianista dijo: "Dedos blancos, pedazos de jabón". La acorraló contra la pared, besándola como un animal. Saltaron ambos por la ventana, ella cogida de sus brazos, ambos vestidos en su tiniebla, desaparecieron en la vereda de la calle, felices, satisfechos.

Era el comienzo de una noche vampírica. Fatal.

domingo, 20 de marzo de 2011

Pesadilla I

Estaba sentada con el violín en la mano, parecía un aparente concierto en una fiesta, estábamos muchos los del conjunto del Señor del Mal, estaba todo algo oscuro, yo vestía de luto.
A mi lado pude reconocer a una anciana que se me hizo muy familiar, a Laurence y ni rastro de mis padres.
Fue entonces que mi violín desapareció y aparecí bailando tango por segunda vez en mi mundo de los sueños con una facilidad que quizás jamás alcance en vida real. Era un hombre el que me guiaba, sentía que lo conocía, estaba de negro como yo, no tenía rostro, no podía verlo bien, estaba tibio, me manejaba con facilidad.
Se acabó el baile, mi violín no volvió a aparecer y mientras unos payasos verdes y vistosos hacían un show en la pista, sentí que era jalada por uno de ellos y yo danzaba con los payasos, feliz, me reía, me reía mucho.
Cuando la fiesta terminó Laurence vino con su camisa a rayas mientras yo cerraba un estuche vacío. "Gracias a todos" y algo más, escuché decía. Me abrazó, cogió su estuche y se fue por una calle oscura, tan negra y que me parecía tan hostil que no me atreví a seguirle, aunque sabía que por ahí estaba mi próximo destino.
Los payasos salieron ya sin maquillaje. Pronto me vinieron a recoger mis papás en el auto. Nos hundimos en la oscuridad.
Desperté con las uñas negras,
como si hubiera escarbado en la tierra.
Maldije mis sueños
y me reí por lo irónico de mi situación.
Me reí mucho.

miércoles, 23 de febrero de 2011

MUERTOS

Solo los cadáveres abandonan lo que aman sin remordimientos ni razones.
Solo los cadáveres abandonan lo que aman sin remordimientos ni razones.
Solo los cadáveres abandonan lo que aman sin remordimientos ni razones.
Solo los cadáveres abandonan lo que aman sin remordimientos ni razones.
Solo los cadáveres abandonan lo que aman sin remordimientos ni razones.
Solo los cadáveres abandonan lo que aman sin remordimientos ni razones.
Solo los cadáveres abandonan lo que aman sin remordimientos ni razones.
Solo los cadáveres abandonan lo que aman sin remordimientos ni razones.
Solo los cadáveres abandonan lo que aman sin remordimientos ni razones.
Solo los cadáveres abandonan lo que aman sin remordimientos ni razones.
Solo los cadáveres abandonan lo que aman sin remordimientos ni razones.
Solo los cadáveres abandonan lo que aman sin remordimientos ni razones.
Solo los cadáveres abandonan lo que aman sin remordimientos ni razones.
Solo los cadáveres abandonan lo que aman sin remordimientos ni razones.
Solo los cadáveres abandonan lo que aman sin remordimientos ni razones.
Solo los cadáveres abandonan lo que aman sin remordimientos ni razones.
Solo los cadáveres abandonan lo que aman sin remordimientos ni razones.
Solo los cadáveres abandonan lo que aman sin remordimientos ni razones.
Solo los cadáveres abandonan lo que aman sin remordimientos ni razones.
Solo los cadáveres abandonan lo que aman sin remordimientos ni razones.
Solo los cadáveres abandonan lo que aman sin remordimientos ni razones.
Solo los cadáveres abandonan lo que aman sin remordimientos ni razones.
Solo los cadáveres abandonan lo que aman sin remordimientos ni razones.
Solo los cadáveres abandonan lo que aman sin remordimientos ni razones.
Solo los cadáveres abandonan lo que aman sin remordimientos ni razones.
Solo los cadáveres abandonan lo que aman sin remordimientos ni razones.
Solo los cadáveres abandonan lo que aman sin remordimientos ni razones.
Solo los cadáveres abandonan lo que aman sin remordimientos ni razones.
Solo los cadáveres abandonan lo que aman sin remordimientos ni razones.
Solo los cadáveres abandonan lo que aman sin remordimientos ni razones.
Solo los cadáveres abandonan lo que aman sin remordimientos ni razones.
Solo los cadáveres abandonan lo que aman sin remordimientos ni razones.