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lunes, 4 de noviembre de 2013

Pausa Al Absurdo

Después de una semana de repeticiones, esta ha sido la primera noche que paso sin pesadillas. En realidad ni siquiera cuenta como noche, porque solo he dormido cinco horas. Técnicamente y haciendo mis pésimos cálculos, llevo dos días sin dormir. Aumentados los niveles de agresividad, el plotwist es que mi sistema nervioso ha decidido rebelarse contra la niebla que me ha perseguido en los últimos días y de repente puedo observar el panorama con mayor claridad. Octubre fue un mes siniestro, oscuro, pero revelador. 
Con la llegada de un particular sol a la ciudad, caigo en la cuenta que debo de dejar de aferrarme tanto a las sombras, los fantasmas y las fábulas pasadas. Qué cara de palo. Anoche, mientras terminaba de tipear mi trabajo a las cuatro de la mañana, vi que estaba siendo muy injusta; este discursito que suelo repetir a todo el mundo sobre la importancia del continuar y lo horrendo que es quedarse paralizado en un lapso de tiempo que no va a regresar, es, en efecto, el discursito. ¿Y yo? Bien gracias, al bolsillo, la cara seria, como siempre, desde que tengo memoria, la que se hace la fuerte y luego pasa la noche en un insomnio brutal preguntándose puras tonterías cuando nada ha pasado. 
Siempre he sido la clase de persona que se pone a pensar qué ataúd va a comprar cuando todavía nadie se ha muerto, pero ya ha sido suficiente. No se puede vivir así. Asumo que todo esto es una epifanía real y no una consecuencia de haber pasado dos amanecidas a base de agua, música y almohadas sobre la cama. 
Solo me quiero dejar de cojudeces.
Y volver a mis felices travesuras de siempre. 

sábado, 2 de noviembre de 2013

En 1994

Diecinueve años cumplidos exactamente a las dos y veinte de la tarde de hoy, dos de noviembre. Esta mañana me levanté después de haber tenido una pesadilla, otra más que agregar a la lista, pues últimamente lo único que tengo son estos sueños que en sí solo son conversaciones cargadas de tristeza, y pensé que bueno, en fin, qué se va a hacer, diecinueve años cumplidos ¿Y ahora qué es lo que sigue? 
Pero acabé acompañada de dos personas muy importantes para mi, sentadas las tres en un bar cercano a casa, chocando copas, el rostro adormecido, mi cerebelo pervertido, flashbacks inoportunos en medio de conversaciones que se atragantaban con risas y entonces me di cuenta que estaba feliz, muy feliz de haber cumplido diecinueve y de estar acompañada por personas que me querían de verdad. 
Hay algo curioso. Recién a esta edad encontré que cosas como lo de hoy, ese almuerzo en una mesa cubierta de migajas, cervezas heladas y la voz de mi padre contando por enésima vez la misma anécdota de mis primeros años de vida, mi madre tomando fotografías mientras finjo que no me doy cuenta y me tapo el rostro, ellas riéndose y sonriéndome, son únicas en el mundo.
Diecinueve años. El inicio de mi último año en la famosa 'base diez' y la verdad no sé qué decir. Escribo algo porque es mi cumpleaños y es verdad que algo extraño y curioso se me ha quedado de este alegre día pero no estoy segura de cómo expresarlo. Es posible que no sea necesario. 
Gracias a todas las personas que me han llamado, saludado y abrazado el día de hoy. Aquí, con el pulso acelerado por el alcohol y una larga noche de trabajo universitario por delante, soy feliz. 
Una página más en el libro. 

miércoles, 30 de octubre de 2013

Reflexiones de cama triste.


En algún momento creí en la unión eterna de las personas. No es que ahora mire con desdén a las parejas que son realmente felices ni que haya dejado de ocultar mi rostro detrás de un pañuelo durante las bodas en una sofocante catedral, pero recuerdo que antes mi concepción de la unión era distinta. 
Me tomó muchos años comprender que poco importan ya las marcas de dientes en los muslos y los restos purpúreos de un martes entre los senos, que no hay alguna cuestión legal o divina que convierta a un revoltijo de sábanas y un beso en la frente, por más que para mi signifique la expresión más cruda y violenta de amor, en una promesa de honestidad. Hace muchos años miraba a las personas con la ingenua seguridad que el abrir la carne para dar paso al deseo y el prometerse una vida de poética nostalgia era suficiente, una especie de pacto sanguíneo e inquebrantable, algo de verdad eterno. 

Los Amantes - Toulouse Lautrec
Tuvo que pasar mucho tiempo para que aprendiera a observar las marcas desaparecer, sentir el  súbito y atemorizante aroma de una piel ajena encima de mi pecho durante la noche y repetirme que sólo son memorias, cicatrices, fragancias de guerra. No voy a negarlo; es muy triste. Fue poco o nada importante las cenas que se imaginan las personas, el decidir de qué color pintar sus casas, el nombre de los hijos no nacidos que perecieron aplastados contra la realidad. 

No hay nada más desgarrador, no hay manera de sentirme más miserable que aceptar el dulce abrazo de alguien, escuchar una promesa en voz baja y pensar "Si supieras que me estás mintiendo. ¡Si tan solo supieras que nada de esto es cierto!".

¿Qué se supone que voy a hacer cuando me cruce con un beso sincero, si es que tal cosa existe, con una caricia sin malicia y un verso gentil? 
Siempre tengo miedo de haber convertido a mis ángeles en monstruos y mis ilusiones en pesadillas diurnas, tan táctiles como una mano fría buscándome entre las rodillas. 
Y sin embargo todavía creo que es real. 
Que en algún lado, la gente todavía se susurra poesía al oído para descifrar sus espíritus y no la contraseña feroz que abrirá la puerta de un hotel.

viernes, 25 de enero de 2013

Vuelo

Y aunque ya hace muchos años decidí caminar hacia la puerta con la maleta de ruedas y arrastrando mi miedo a las alturas, las hojas arrugadas del año anterior, parece somo si el tiempo se hubiera detenido en esos cinco minutos en donde me paré, salí por la puerta y juré nunca más. 
¿Nunca más qué?
Abandoné la ciudad para olvidar y no hice más que encontrar a mis fantasmas en cada esquina que cruzaba. Aquí y en todos los lugares que visite, hay algo que siempre me hace recordar a esos cinco minutos en donde decidí huir.
Quién se atrevió a decir que fue fácil y que ahora las cosas estan mejor que antes. No fue una solución, no fue una respuesta ni tampoco me dará una. Lo único que sé es que nada ha cambiado, muy en el fondo, todo sigue pintando con el mismo color y adormecido con las mismas canciones. 
Mi collar se rompió y mis anillos se pedieron, pero lo hecho, hecho está y aquí nos tenemos, solos pensando en los cinco minutos en donde abandonados todos. El nunca más, siempre el nunca más que jamás se cumple del todo. Una mentira piadosa para hacernos los valientes. 
Para creer que puedo controlarlo.Y después de tanto tiempo, de tantas semanas, meses, años y siglos, sigo siendo el mismo susurro que cruzó una promesa que no puedo cumplir.
Cómo es que he llegado hasta aquí, ocultando cosas en los cajones, bajando el volumen a las canciones y quemando fotografías sin siquiera tocarlas porque hasta tenerlas aquí me causa dolor. 
Quién dijo que yo estaba en lo correcto.
Y aunque sé que no ha funcionado ni va a funcionar, sigo en los cinco minutos de partida, de prohibido voltear, de tres pasos para ser una estatua de sal, sigo aquí. 
El vuelo está tomando. No quiero regresar.
No puedo regresar.


B.

domingo, 20 de enero de 2013

Día 4: La Partida

Tomando un avión en unas horas de regreso a la ciudad. Asumo que este es el fin oficial de mi viaje por la selva y una parte de mi quisiera quedarse en este lugar de aire caliente, vegetación tupida y personas con nombres curiosos. En tan solo cuatro días de viaje, mi estructura de rutina absoluta que pasaba en casa se hizo pedazos y cambié las horas leyendo en mi cama por paseos por el Amazonas, almorzar carne de lagarto y saltar alcoholizada a una piscina después de haberme ofrecido a ser bartender por una noche. 
Esperando a que llegue mi vuelo y escuchando los comentarios sobre el último partido de fútbol, comienzo a sentir la sensación adormecedora de quien va perdiéndose en una buena dosis de anestesia. Después de haber pasado tan solo cuatro días respirando este aire teñido de tibieza y pescado ahumado, poner un solo pie en la ciudad hará que me pesen los pulmones.
Hace frío en el aeropuerto y mamá me esta esperando con un par de libros que son mi regalo de navidad atrasada. Los aviones del vuelo anterior despegan poco a poco y me siento muy cansada. Han sido cuatro días en la selva, cuatro días de mojar los pies en el agua fría del Amazonas, de bailar con la tribus de los Boras y casi haber sido asaltada por un mono chorongo.
Y bien, fueron cuatro días que ya acabaron
Es hora de regresar a casa.



B.



jueves, 17 de enero de 2013

Día 1: Continuación

Caminábamos por la plaza principal cuando vi un edificio descomunalmente grande. Había sido un hotel muy famoso en su tiempo hasta que descubrieron que su estructura estaba chueca y la tierra se lo estaba tragando de a pocos. Le tomé unas cuantas fotografías y pasamos por la iglesia, donde un grupo de mujeres encendía velas en nombre de un sacerdote polémico y antes que me diera cuenta, mi padre hablaba frente a cámaras sobre la actualidad.
Típico de los viajes y de mis malos hábitos, tuve un romance telepático con un hombre sentado en la mesa de al lado durante la cena  y esta historia acabó cuando pagó su cuenta, prendió un cigarro y después de mirarme, desapareció por la ciudad en donde se respira aire caliente.
Dije que esta no es una ciudad alegre, pero no me imagino a nadie profundamente triste viviendo en un lugar como este. No es como Lima, la ciudad de la nostalgia, de lo visceral, la esperanza agridulce que cae en ilusión y a veces de los buenos sueños. Cualquiera puede morirse de pena en Lima, pero aquí no comprendo  qué es lo que sucede. Arrastré mi estela gris de greñas y reflexiones hasta este punto verde del país y de repente todo se desvanece, como si estar triste fuera incompatible con el espíritu de esta pequeña ciudad. 
No sé si culpar al desequilibrio químico o es que aquí hay algo que de verdad no comprendo. ¿Qué es? 
¿Podré quedarme con esta sensación de paz como recuerdo? ¿Regresaré a Lima y de repente, todo estará mejor?
Le escribo a mi querida Azul diciéndole que ella amaría este sitio, los paseos por el río Amazonas, las tribus  en medio del agua, los bares nocturnos y los precios bajos de alcohol de buena calidad. Tampoco me faltan fuerzas para relatar a Rein todas las cosas increíbles que he visto en tan solo un día. ¿Será cierto? 
¿Será que este lugar está devorando todo lo que traje de casa?



B. 


Día 1

En esta ciudad el aire se respira caliente. Mientras el sol te quema la espalda y escuchas a lo lejos el murmullo de cientos de insectos buscando tu sangre, parece como si las casas se movieran a tu alrededor, transpirando y dejando que las mesas, las sillas, los cubiertos y las paredes suden por sí solas hasta dejarte la sensación de haber caído en medio de una densa tibieza tropical.
En esta ciudad aprendí lo que es una ducha de agua helada que se lleva amargura y desacuerdos por el desagüe para darle paso al ronroneo de la vida nocturna. Dicen que aquí todo es fiesta por la noche, pero he  venido hasta acá arrastrando nudos que aún tengo que desatar y solo se me ocurre seguir escribiendo por las noches. 
Hoy estuve a tan solo unas horas de conocer el Amazonas y mientras paseábamos en bote por las aguas oscuras y frescas de los ríos de la selva, pensé en el infinito y en el abismo, recordé que probablemente pasaría un buen tiempo antes que regresase a tener a mi lado a un delfín rosado y creo que me sentí feliz. 
Aunque como suele pasar con esta clase de viajes, no todo ha sido del color de las amapolas y veo cercana el fin de mi primera noche en esta ciudad. Por más que me digan lo contrario, no la considero un lugar alegre. Tiene algo peculiar, como una boa vieja que ahora vive asustada de quienes pasan por su jaula pero sigue siendo el animal feroz que en algún momento se comió a un niño. 
Quiero regresar.  Qué parte de este laberinto de avispas negras y brisa caliente tenía el deber de derretir la Lima que quedaba en mi. 
Por qué no puedo continuar. 



B. 



martes, 8 de enero de 2013

4 años.

Hace exactamente 4 años, un irónicamente soleado 8 de Enero como es el día de hoy, comencé este blog escribiendo un esperpento que en ese momento yo consideraba un artículo sobre las Barbies y la anorexia, inspirada en los días anteriores, cuando me había puesto a jugar a las muñecas con la hermana de una amiga a quien ya no contacto. Todo esto impulsado por la resaca que me dejó haber leído Abzurdah de Cielo Latini. Me guardo mis comentarios sobre el libro porque no es el momento de discutir aquello. 
En fin. Ya han sido cuatro largos años de venir a vomitar continuamente sobre el teclado y escribir y escribir. ¿Salió algo bueno, algo malo, algún otro esperpento o algo que haya valido la pena? No sé. 
Sea cual sea el resultado, gracias a este blog he conocido a personas muy importantes y que ahora son grandes amistades, así que aunque medio mundo deteste esta página llena de confesiones, historias, sueños y críticas, gracias a este blog he ganado algo más valioso y es la amistad. Aquí fue que conocí a Hernan, a Daniel, que pude seguir los pasos cuando Sarah se perdió en el mundo de la preparación universitaria, a Oz, mi querida Trilce, Vero, Penny Lane, entre otras personas. Conocí a blogueros maravillosos como Magnolia y Alexander y en fin. Ya son cuatro años. Cuatro años, caray. 
Aunque el año pasado consideré varias veces dejar de escribir en este sitio y dedicarme a los cuadernos en el aislamiento total de la biblioteca, asumo que no puedo. 2013 y hasta ahora no puedo despegarme de esta clase de pseudo-diario que me ayuda a recordar muchas cosas que por un momento pensé se quedarían estancadas en el olvido. 
Cuatro años de noche de cristal, apaleada, resucitada, golpeada, coja o radiante, no lo sé. 
Pero fueron/son cuatro años de noche de cristal. 


B. 

PD: Siempre tuve el deseo secreto de saber quiénes son los anónimos que me mandaban mensajes durante todo el año. Aún lo tengo.

jueves, 6 de diciembre de 2012

Jueves

De nuevo en casa
Salí, compré un libro de pasta verde musgo y regresé a casa. En el camino me acordé de las memorias encuadernadas en piel de animal que me dieron por mi cumpleaños, de las manchas de sangre en las últimas páginas y de mi negación ante la mala idea de tomar cerveza dentro del cine a las once y media de la noche. Me reí, porque pasará un tiempo hasta que regresemos a ese punto en donde hay cosas que están destinadas a suceder y nunca más repetirse. 
Hoy regresé a casa, busqué en las galerías y no encontré a nadie, entonces me senté en la escalera frente a mi puerta y con las llaves oxidadas en la mano, me puse a pensar. 
"Hoy ha sido la última vez, hasta que vuelvan a fallar mis planes que ya están destinados a quebrantarse". 
No puedo contar los días para irme, porque todavía no sé cuándo será, pero probablemente sea de noche. La semana pasada dije que iba a ir a sentarme en la misma banca del parque San José a repetir mis delirios y reflexiones de seis de la tarde, pero no pude. Me faltaron, me faltan, fuerzas para regresar. 
Eso sigue sin cambiar el hecho que hoy ha sido la última vez (dicen, hasta la próxima).
De un jueves a las seis de la tarde en adelante, hay un camino que no quiero conocer. Entonces podríamos caminar juntos.
Pero déjame taparme los ojos con las manos. 
No. Nunca. Mejor no. 
No quiero ver. 



B. 



 


 

viernes, 30 de noviembre de 2012

Fin de Noviembre

Cementerio El Angel

-¿Y qué pasó?
-Yo te dije que el día que lo viera y no sintiera que mi corazón se contraía hasta doler, todo habría terminado.
-¿Entonces?
-Ocurrió. 



domingo, 25 de noviembre de 2012

Meses



"Seguiste creyendo que en verano todo se pondría mejor. La última palabra del año fue escrita con furia y con alegría, entre lágrimas de tristeza y felicidad infinita porque todo ha terminado. Ese año pudiste haberte despedido de tanta gente y sin embargo te quedaste o más bien, ellas se quedaron y el caos pareció posponerse por un tiempo más. Caminabas de regreso a casa con el libro hecho tiras debajo del brazo derecho y en algún segundo perdido del autobus creíste que en verano todo de verdad se pondría mejor. Porque enero y febrero son para olvidar, para anotar direcciones y teléfonos en agendas que nunca se abren, conocer a nadie, verte con nadie, sonreírle a nadie, recordar a todos. Vendría la Navidad, el Año Nuevo, los deseos para los doce meses de incertidumbre que llegarían con o sin autorización, ya que. 
En alguna semana ausente y huérfana de verano, el teléfono te levantaría en medio de una siesta y la voz al otro lado, te traería de golpe a un hecho que pocas veces tomas en cuenta: No se puede olvidar que no se debe olvidar. 
Te limpiaste los ojos con las mangas de un suéter que ya no podría ser usado en los meses que seguían. Lo recordaste a él con una sensación salida de lugar. Quizá en el verano las cosas no se iban a poner mejor. Solo iban a cambiar. 
Las mañanas de enero siempre son indescriptibles. La tranquilidad que trae el sol entre la ventana y el calor humedecido pegándose a las sábanas puede desvanecerse en cualquier momento. Decías "Porque enero y febrero son para olvidar" y al final, como diría alguien, el tiro te salió por la culata. 
Llegaste al verano para olvidarlo. 
Y lo encontraste en todos lados" 



jueves, 22 de noviembre de 2012

Nostalgias.

Febrero 2011. 
Arica. 


Desayuno en el hotel

Condominio Bello Horizonte 

Paseo 21 de Mayo
Costas De Arica

sábado, 20 de octubre de 2012

Escupitajos de Octubre

He reemplazado los cuadernos y las anotaciones en papeles amarillentos por paseos en el autobús y siestas con los ojos abiertos, apoyando la cabeza en las ventanas. He reemplazado las oraciones por reflexiones  indeterminadas antes de dormir, dirigidos a Nadie, a lo que alguna vez, llamé una sombra difusa. He reemplzado los blogs y las fotografías con nicotina y paseos colmados de tóxicos maquillados de Placebo. He reemplazado la risa abierta por mis planes fallidos de suprimir emociones. Pero en esto último -después de nueve intentos- ya se sabe que fallaré, porque los malos planes siempre fallan. 
He reemplazado la nada con más nada. 
Y sin embargo lo que no ha cambiado son los sermones de todos los días, el discurso tan conocido de "Tú sabes muy bien qué está sucediendo. Sabés qué significa". 
Entonces lo que nos queda, es la negación.
Evidentemente, doblemente, inútil negación.

martes, 16 de octubre de 2012

Ramas De Octubre

A mitad de camino, el chofer del autobús miró por encima de su hombro a la multitud silenciosa que miraba a través de la ventana con el sol reventándoles en el rostro y los rostros como cartas de póker. Resopló, lleno de tristeza y prendió la radio que había mantenido apagada durante todo el día. Se había sentido tan desanimado que había arrojado sus viejos discos de plástico, rayados y mordisqueados por la humedad en un agujero al lado del acelerador. De repente nos acordamos que aquel día jugaba nuestro país y con la llegada del atardecer, escuchamos un partido pasivo y sin emoción, marchito por el mal sabor que nos dejó la última jugada de hace unos días y el tono anaranjado de un cielo que había estallado en luz solar durante todo el día. Pero también yo supongo que es por octubre y porque vino silencioso y calladito, como un mes indiferentemente sereno y cuando todo parecía estar tan bien, en tan solo una semana, todo se ahogó en el caos más inusual. Llegué a casa y madre no saludó; está molesta porque le critiqué su homofobia. 
Este mes, en los 16 días que llevamos respirando aire de octubre, todos hemos perdido algo y ya no sé decir si de verdad es porque así debe de ser. Podría explicar la tristeza y la amargura silenciosa diciendo por enésima vez en el año que el flujo de las cosas, pero me rehúso. Ya no hay más ciencia, no hay fórmulas ni acciones racionales en el manojo de nervios y sentimentalismos que invadieron los primeros días del mes y aún suelen invadir ciertas noches, cuando llueve hasta que el agua llega a los huesos y uno espanta los malos pensamientos. Ayer se susurró “Tengo miedo de ser feliz porque ¿Qué voy a hacer cuando se termine?? ¿Cantarlos como una canción de viejos carteles?”. De repente, con la apatía por los estudios, llega la apatía por darle vueltas violentas al asunto. Hoy día creo que Perú va a perder el partido. Y mientras tanto, recuerdo que todos, absolutamente todos, mienten.  

martes, 9 de octubre de 2012

Ocaso

Llueve sobre octubre y sobre la ciudad. Parece como si todo se hubiera ido de cabeza en tan solo cuestión de días y de escupitajos despreocupados de un clima extraño. Caminaba regreso a casa y pensaba que estábamos juntos, pero en realidad no era ni nunca fue así. En octubre me siento debajo de la ventana a verme las cicatrices y escarbar entre los mapas de la piel para ver si puedo acordarme las oraciones y comas que se me van de la mente en el ocaso. En octubre ella deja el lapicero encima del mantel blanco y se pregunta cuándo cambiará, si es que el día de mañana hará menos frío por la noche y los abrazos no serán algo tan complejo. En octubre él camina hacia ningún lado y también piensa en abrazos, pero ni las cifras más profundas y perdidas en el océano de las memorias, podría acercarse al número real de abrazos que no recibió por miedo a incomodar. Así son las personas, dijo alguien, simplemente las personas son así.
Yo pensando en ellos mientras regreso a casa y pienso Qué bien se está en octubre, como si todo se hubiera ido de cabeza, como si pudiéramos dejar las separatas debajo de la cama, sacar los libros y regalar abrazos, cinco segundos de caminata debajo de la lluvia antes de recordar que siempre estuvimos separados.
Llueve sobre octubre y no sé qué es lo que estoy buscando entre risas y cortes y encogerse los hombros y decir No lo sé, No lo entiendo, Comprendo. Está bien, siempre todo ha estado bien.
Como si no me hiciera agua entre los dedos cada vez que llega el ocaso.
Y no tachara tantas veces las palabras, por miedo a terminar la oración.




miércoles, 3 de octubre de 2012

Nueve

Escribí de ti antes de conocerte, escribí el gran final antes de siquiera comenzar. En ese momento la gente escribía sobre nosotros y tu escribías sobre la gente. Yo me sentaba en las noches a hablar con el Padre y le decía Viejo, no entiendo con qué punto dejas que estas cosas sucedan, supongo que ya es un habito tuyo, yo solo quisiera que fuera primavera de vez en cuando. Y tu te cogías la cruz del cuello y la estampa y los rosarios y los collares de todos los santos. En algún momento, cuando el cuello ardía de octubres atontados por el verso, tenias que echarte las Ave Marías hacia atrás. Y escribíamos poemas debajo de las luces tenues y si la gente dice que fuimos felices, pues todos mienten y si dicen lo contrario, están igual de equivocados. No hubo lágrima ni risa porque todo estaba mezclado. Un poema escrito encima de otro, hasta que el papel se rompió. Y mientras se caminaba hacia algún lado alguien decía Te pido perdón por lo que hice porque te he matado mas de una vez. Pero en ese momento llovía sobre la ciudad y ya nadie sangraba. Después de tanto tiempo, ahora que escribimos con plumas diferentes y sin embargo con el mismo color de tinta, me rehúso a pesar que voy a arrastrar su sombra y mi sombra y la sombra de todos los hombres a donde yo vaya.
Dicen que nadie es tan descorazonado como para cortarle las alas a las memorias y mantenerlas con uno todo el tiempo, solo porque nos da miedo conseguir unas nuevas.

miércoles, 19 de septiembre de 2012

Flechas

El secreto es, como había dicho la semana pasada, el mes pasado, el siglo pasado, llorar antes de dormir. No me entendió, así que se lo repetí de nuevo y casi rompo la taza de café, esa que tiene los bordes dorados y una cucharita de plata que nunca se oxidaría. Le dije, reír por el día, llorar antes de dormir de todas las cosas que momentáneamente desaparecen, algo así como hacerse un espacio entre la niebla y decir "Esto es lo que no quería ver, pero lo que existe. Y bien, mañana habrá jugo de naranja por la mañana, la mesa estará llena, el autobús parará antes de dar la vuelta ". Me entendió y seguimos hablando sin tener mucho qué decir, le expliqué que todo iba muy bien y al mismo tiempo muy mal, porque un dolor extraño en el corazón entremezclado con una arritmia se había apoderado de los minutos en donde se lee tranquilamente al lado de las macetas. Comprendió, se rió hasta que le dolieron los huesos y la mandíbula y me dijo Qué bien, estás mejorando, al fin y al cabo no estaba todo tan mal ¿O si? ¿Te acuerdas?, me decía ¿Te acuerdas cuando ahora sí todo era un infierno total? Y se nos vino a la mente agosto, el año 2005, la navidad del 2007 y las peores cenas de la infancia con un plato de papaya nauseabunda cubierta en azúcar y pasas arrancadas del pan. Reímos mucho y también lloramos, pero me paró antes que pudiera continuar, Déjalo para la noche, me dijo, Tú siempre lloras de noche, hace mucho tiempo que no te das el extraño lujo de llorar frente a alguien y mucho menos de día. Asentí, porque no se equivocaba, apagamos la radio, nos encogimos los hombros y la taza de café se hizo añicos porque la vida comenzaba a tener más sentido, aunque las cosas no fueran del todo bien. 
Me miró sonriendo y se recostó en la mesita redonda, Lo quieres mucho ¿No es así? me preguntó con aires de seguridad traviesa como de carnaval. Miré por la ventana, con el cristal más sucio de la ciudad. Lo quieres mucho, afirmó sonriendo, Y ese es tu problema. 
Entonces perdí el corcho y al no tener como cerrar la botella, nos la terminamos en medio de septiembre, el septiembre raro, septiembre soleado. Nunca le respondí, porque no era necesario. 






viernes, 14 de septiembre de 2012

Esto & Aquello

Al comienzo, me olvidé de tu cumpleaños. Lo busqué en el calendario más cercano, el que cuelga al lado del  refrigerador, entre las macetas de las violetas, pero la cifra había desaparecido por completo y cuando me di por vencida recordé que también me había olvidado del mes. El dos de Agonero o en la última semana de Febriembre. No tiene caso porque al comienzo así fue, me olvidé de tu cumpleaños. Luego, entre la sopa de las tres de la tarde y el sol que entraba por la ventana, me olvidé de cómo sonaba tu voz. Ese día, cuatro personas me llamaron por teléfono y a las cuatro les colgué. Mucho tiempo después me acordé que se me había olvidado tu voz que era como una canción alegre de ramas astilladas, como teclas de piano que solo un borracho golpearía con el más infinito amor por la música y con el oído vacío de talento. Me acordaba muy bien de tu silencio, pero no de tu voz. 
Por la noche, mientras dejaba el libro encima de la mesa, me olvidé de la forma de tus manos. Podría describir con detalle las matices de la mugre de tus uñas, la sangre fría que corría de un lado a otro y destruía alegremente el calor de tus nudillos de ebanista, pero la forma de tus manos se desvaneció con la misma rapidez con la que pasabas las hojas de los libros viejos. Miré por la ventana hasta el amanecer y no pude recordarlas. Me di por vencida y no pude volver a dormir nunca más. 
La tarde siguiente, se me olvidaron tus ojos de campanario abandonado, se acabó ese brillo anómalo que solo tienen las iglesias carentes de fieles y en donde los bandidos se meten a fornicar por la noche. Se me olvidó el día en que nos conocimos y el último día que nos vimos, entonces fue que comencé a llorar porque ya nada parecía tener el mínimo sentido y las cosas se iban como palomas hasta estrellarse con las lámparas y los cuadros. La casa se llenó de silencio cuando llegué a olvidarme cómo era llorar por ti. 
Me olvidé de cómo sonaban tus pasos, me olvidé de la hilera traviesa de tus dientes, de tu cuerpo chocándose contra los escalones por la madrugada y el olor que tenía la tierra cuando te ponías de pie y crecían flores raras, de pétalos negros y rojos y espinas coloradas. 
Sé que me olvidé de aquellas cosas, porque nunca te olvidé por completo. Y así, mirando el mismo calendario en donde había marcado tu cumpleaños hace años, me acordé de tu olvido. 

miércoles, 5 de septiembre de 2012

Calendarios

Hoy día hablábamos después de mucho tiempo. Yo la miraba y ella me miraba a mí y después de una sonrisa amarga yo le decía "Si alguien me preguntara cómo fue agosto, yo le diría que fue estar en el infierno". Y así, como diríamos anteriormente, nos fuimos a la mierda por completo y el tiempo pasó lento o quizá demasiado rápido. Me contó sus historias, le conté las mías, miramos por la ventana en silencio y pensamos en lo mismo una y otra vez "Pasamos un mes en el infierno". Como jamás había sucedido antes, perdimos el control de las cosas, la capacidad convencer a las personas para que ignoren el reguero de sangre que dejamos a donde caminamos.
Sangre, porque no sabemos lo que es el tejido, la piel que se cierra, los cabellos que crecen. Caminamos de un lado a otro con la herida abierta y se ha vuelto una pequeña molestia, todo controlado, caminábamos y caminamos sangrando a todos lados, intentando cubrir con flores muertas aquel triste rastro. 
Fumamos en medio del frío de la tarde, caminando de regreso a la universidad. Agosto, el mes en el infierno, se desvaneció de un momento a otro y ni siquiera podíamos explicarlo. Yo no puedo, ella no puede, las cosas parece que han mejorado de un momento a otro.
Pero es una larga espera, porque en cualquier momento, aquello raro e inexplicable que no sabemos definir nos arrastrará a un nuevo agosto, que quizá sea un octubre, quizá un diciembre.
Amor, caos y luchas cuerpo a cuerpo con los demonios de adentro. Ha llegado septiembre para ella y para mi, agosto se fue, parece como si nos hubiéramos arrancado aquella piel triste y enferma de encima. Parece como si las cosas fueran a estar bien por siempre. 



martes, 4 de septiembre de 2012

Octubre

Yo lo miraba todo el tiempo. Nos sentábamos en el autobús cuando hacía tanto sol afuera y tanto calor adentro, leíamos en silencio y de vez en cuando me tocaba el hombro para decir "El día tan alegre y tú tan amarga" y así pasaban las imágenes por la ventana. Yo lo miraba leer, lo miraba comer, lo miraba reír, lo miraba incluso cuando él no tenía el mínimo interés en mirarme porque se enojaba. Decía que por más que quisiera, no podía ver más allá de la oscuridad de mis ojos. Y yo me encogía los hombros y lo miraba; las personas nacen siendo misterios y mueren de la misma forma. 
10.11 
Pasábamos la tarde sin decir ni una palabra, yo contra su hombro y él contra mi frente. El sol entraba por la ventana, se iba detrás de las cortinas, todo parecía estar tan tranquilo que adormecía y si no fuera por viejos afanes de corta violencia y su hábito de explorar mi nuca bajo la ventana, quizá nos habríamos dormido. 
Pero yo lo miraba todo el tiempo y siempre me sorprende la fascinación con la cual me quedaba observando. 
Más que nada me sorprendía que cuando lo miré de manera diferente por primera vez, no pensé en cuadros alegres, tampoco en el rastro solar entrando por la ventana ni en campanas ni viajes de autobús.
Cuando lo miré con amor por primera vez, solamente pensé en cómo sería cuando tuviera que decirle adiós. Antes de si quiera saludar, ya pensaba en despedirme. A cada tacto accidental de las manos, pensaba en que nunca más iba a tocarlas, y cada vez que lo miraba, hasta el último minuto, solo pensé en que dentro de un tiempo, nunca más nos volveríamos a encontrar.
Y desde entonces, desde siempre, las cosas han sido así. 
No hay mirada tan llena de amor que pueda dar sin pensar en cómo serán las cosas cuando esa persona no esté más aquí.