viernes, 22 de abril de 2011

Cartas a Papá II


Querido Dios:



Anoche fui a recorrer siete iglesias, como todos los Jueves Santos de mi vida. En cada iglesia pedí por alguien o por algú
n problema, yo rogaba que no nos fuéramos rápido, porque jamás me sobrará el tiempo cuando necesito hablarte. Ayer necesitaba hablarte y eso fue lo que hice. Papá, si anoche viste a alguna figura vestida de negro llorando silenciosamente en una banca cerca al altar, puedes apostar lo que quieras a que era yo. Sé que estoy prometiendo muchas veces dejar de ser tan llorona, tan sufrida, tan mártir de mis propios problemas, pero creo que no va a funcionar tan rápido como se desea. Hasta ahora me he quedado con el espíritu partido, Papá. No tengo que repetírtelo todas las noches ¿Verdad?
No tengo porqué cerrar mis ojos, soltar mis lagrimones y recordarte cada noche de mi vida que estoy partiéndome por la mitad ¡Más que eso! En millones de pedazos y no se cómo voy a hacer para ser una pieza de nuevo.
¿Qué es lo que tengo que hacer para escupir esta
pena de mi alma? ¿Qué es lo que me falta? Ya he perdonado, ya he inhalado y exhalado, me he dicho "Barbara, esta es la última vez que te pones a llorar de la nada" y no está funcionando. ¿Te acuerdas de lo que te dije ayer? Me senté, cerré mis ojos y te dije que por favor arregles las cosas, que me quites este peso fatal de mi alma, que me hagas olvidar
... o que por lo menos me expliques el porqué de esta situación tan triste. ¿Sabes que es lo peor de todo esto? La incertidumbre, Papá. La incertidumbre, la duda de saber que de toda esta historia, quizás soy el único personaje que se sienta a llorar como si fuera a servir de algo, todos están riéndose felices en casa y yo me hago la sufrida, la poeta moribunda. Gracias Papá, porque la poesía me sirve para desahogar toda la tristeza que me consume como un cáncer terminal y sin solución.
Una mujer cerca mío dijo "Llorar es la única manera de sanar. Cuando lloras, sanas". Me doy por vencida, Papá, si esa es la manera de sanar entonces pasaré meses llorando día y noche, porque necesito cicatrizar de la mejor manera posible.
Solo Tú sabes porqué permitiste que me hirieran de muerte ¿Por qué, Papá? ¿Por qué permitiste que me acuchillaran así? ¿Por qué permitiste que me pisotearan como una partitura vieja y que hicieran de mi un recuero malo, un tema ignorado? Permitiste que me convirtieran en la nada, ni siquiera merezco ser un recuerdo ahora.
Pero sé que fue por algo. Confío en ti Papá, confío en ti ahora más que nunca, ahora que lloro mientras escribo, que lloro de día, de noche, me limpio las lágrimas con cólera de que alguien me vea tan débil.
Solo Tú sabes lo que mi corazón siente y solo Tú sabes cómo solucionarlo.
Gracias, Papá, porque hasta ahora, he sobrevivido gracias a Ti. Nada soy sin Ti, nada lo puedo sin Tu presencia acompañándome.
Gracias.


Te ama,
Barbara R.

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