
Supongo que tampoco hay lugar para resúmenes, porque no se me ocurre de qué manera explicar todo lo que ha sucedido. Mucho ha cambiado. Todo ha cambiado y no hay nada que extrañe. Estoy feliz que haya terminado. Han sido seis largos meses, meses de pastillas y psicopatología, besos de Xanax en la cama de Emergencias por las tres de la mañana, dolores de cabeza, nicotina entre los dedos, tomografías y sertralina en las mañanas, consultorios psiquiátricos en el sótano de la clínica, taxis a las nueve de la noche.
Últimamente, por no decir, en las tres horas que se acaban de desvanecer, llantos y gritos que resuenan en la ducha, se estrellan contra las losetas, parten la piel en dos. Promesas, risa y muerte. Pesadillas. No queda nadie de quien fui pero sigo siendo yo y he regresado sin saber exactamente qué es lo que quiero decir, a dónde quiero llegar. Ha ocurrido tanto en tan poco tiempo. He ido a tantos lugares, a veces sin siquiera moverme. Hay tanto dentro de mi.
Me pregunto cuándo llegaré al final de la escalera.
1 comentario:
No me importa que trillado suene esto pero, aún no ha habido nada lo suficientemente importante para que uno se tire al abandono; ni el amor porque ese "amor" ha sido prostituido por los medios; vida es vida, sino donde queda la fuerza de las palabras?
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